En el crudo 24 de enero de 1744, moría en Sainville, pequeña aldea de la Beauce, Francia, Marie Poussepin, cargada de años y virtudes. Había nacido en la prospera ciudad de Dourdan, de una familia con profundas convicciones cristianas, laboriosa y abierta. Sus primeros años trascurren en medio del ajetreo de una pequeña manufactura de medias de su padre, en la escuela de la Instrucción Cristiana, en la asistencia de los pobres junto a su madre, que era presidenta de la Cofradía de Caridad de San Vicente de Paul, y en asistir a los oficios de su parroquia.
Ya de jovencita gozó de la estima de sus conciudadanos puesto que en el registro parroquial aparece su nombre trece veces como madrina antes de cumplir los 15 años. La quiebra e imprudencias en el negocio por parte de su padre, cambió la vida de la joven Marie que tuvo que hacer frente a las copiosas deudas contraídas por su progenitor y hacerse cargo del único hermano que le quedaba.
Persona organizada supo solventar, con inteligencia y esfuerzo la catástrofe familiar. Se arriesgó a introducir en su taller cuatro telares que importó de Inglaterra para tejer medias de lana. Hizo instruir a su hermano en el manejo de las nuevas máquinas. Contrata aprendices y hace con ellos unos contratos impensables en la época: suprimir la tasa de aprendizaje muy onerosa para las familias sencillas e instaura una prima por los pares de medias que tejen de más. Era una buena forma de estimularlos al trabajo. Muchos de estos jóvenes los vemos unos años más tarde establecidos por su cuenta. De tal modo que Dourdan viene a ser una próspera ciudad industrial. Todavía hoy se la recuerda en el lugar, como una gran innovadora.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
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Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
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