Mi vocación

Haití. El Evangelio hecho vida

20.01.10 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida
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La vida nos va enseñando, nos va haciendo fuertes, es un camino de esfuerzo, de entrega y disponibilidad. A veces pensamos que no necesitamos de nadie porque solos nos bastamos para hacer frente a cualquier situación. Creemos tener las armas necesarias, pero no es así… en el fondo estamos pidiendo a gritos que nos amen, que nos escuchen, que no nos dejen solos.

Hechos como el de Haití o como el de cualquier otro país que sufre pobreza y miseria, pueden llegar a sacar lo mejor del ser humano, nos muestran que el hombre es capaz de amar pasando por encima de cualquier otra cosa. Después de vivir una situación de destrucción y de horror, queda la impotencia y la tristeza, pero también la esperanza de que podemos hacer algo por nuestros hermanos, por todos aquellos que con urgencia necesitan de cada uno de nosotros.

Estuve en la Eucaristía que se celebra cada domingo en la prisión “Modelo” de Barcelona. Salí emocionada y con el corazón lleno de agradecimiento por el compartir sencillo y sincero de todos los que allí participaron de la mesa y la Palabra. Quisiera compartir con todos que ayer viví en primera persona el evangelio de la viuda:

“Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: Muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: "Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir". Mc. 12, 38-44

En el momento de las peticiones, cada uno de los que allí estábamos, libremente, hicimos una petición por aquello que llevábamos en el corazón. La mayoría de los internos pensó en este país devastado por la destrucción y pidieron por ellos, por los fallecidos, por los que viven, los que han perdido familias y por supuesto, con preocupación y cariño especial, por los niños. Uno de los internos hizo una proposición a todos sus compañeros. Aseguró que, a pesar de todo lo que ellos viven, pueden decir que están bien, por eso proponía que cada uno de los que estaban en prisión se comprometiese a dar una “chapa” (equivalente a un euro), para donarlo y enviarlo a Haití. Todos estuvieron de acuerdo por unanimidad y se dispusieron a recoger para dar de lo poco que tienen. Una vez más, doy gracias a Dios por la capacidad de amar del ser humano, por la generosidad infinita de tanta gente anónima que es capaz de preocuparse y sufrir con el que sufre, de olvidarse de sí para pensar en el otro. Cada vez que pensamos en los demás, en aliviar la pena del que sufre estamos dando aliento y dibujando una sonrisa en la vida del otro. Gracias. Texto: Hna. Conchi García.

Para ayudas: Dominicas de la Presentación.
Entidad bancaria: “La Caixa”.
Nº de cuenta:
2100 0832 62 0101192037. Barcelona

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Josune 23.01.10 | 14:34

    El sufrimiento dilata los corazones nobles y encoge los corazones egoístas.
    Hay que sufrir sonriendo, para hacer sonreír a los que sufren.
    ¡Ánimo! La mejor manera de darse ánimos, es procurar dárselo a los demás.
    Un abrazo.

Domingo, 3 de junio

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