Con esta frase de "tú eres mi Hijo el amado, el predilecto", hemos terminado las lecturas del tiempo de Navidad. Ojala que Jesús a lo largo del año sea para nosotros el amado, el predilecto!
Pero mientras meditaba este evangelio, con las diferencias bien guardadas, nosotros también somos los hijos bien amados del Padre. Pues tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo. Él bajo de su solio celestial y tomó nuestra carne para que nosotros viniéramos a ser hijos de Dios. ¿No es esto ser muy amados por Dios? De inmortal pasó a ser mortal, nació pobre. El que no tenía pecado se hizo humilde y se puso a la fila de los pecadores para hacerse bautizar por Juan el Bautista de este modo santificaba las aguas del Jordán y anunciaba el nuevo bautismo que nos hace hijos de Dios y templos del Espíritu Santo.
Predicó la buena noticia a los pobres, abrió los ojos a los ciegos, tuvo compasión de los que lloran, habló con los pecadores en detrimento de su reputación. Era un hombre libre de prejuicios y así nos enseña como debemos actuar. Amó la verdad por encima de todo. Y por amor se entregó a una muerte y una muerte de cruz.
Al contemplar durante este tiempo de Navidad, que hemos finalizado, el Niño en la cuna, me he acordado con frecuencia de lo que dice nuestra Fundadora: “La cuna de Belén y la cruz son los pulpitos desde donde Nuestro Señor ha predicado”.
Esta es también la tarea que con proporciones guardadas, nos espera. No siempre seremos comprendidos ni amados mas nuestra misión es amar. Tendremos que pasar por la renuncia que es un morir a nosotros mismos pero si lo hacemos seremos amados de nuestro Padre y demostraremos con hechos que Jesús es el amado, el predilecto. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman