Con esta frase de "tú eres mi Hijo el amado, el predilecto", hemos terminado las lecturas del tiempo de Navidad. Ojala que Jesús a lo largo del año sea para nosotros el amado, el predilecto!
Pero mientras meditaba este evangelio, con las diferencias bien guardadas, nosotros también somos los hijos bien amados del Padre. Pues tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo. Él bajo de su solio celestial y tomó nuestra carne para que nosotros viniéramos a ser hijos de Dios. ¿No es esto ser muy amados por Dios? De inmortal pasó a ser mortal, nació pobre. El que no tenía pecado se hizo humilde y se puso a la fila de los pecadores para hacerse bautizar por Juan el Bautista de este modo santificaba las aguas del Jordán y anunciaba el nuevo bautismo que nos hace hijos de Dios y templos del Espíritu Santo.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman