La contemplación del Nacimiento de Jesús en Belén y la celebración de todas las fiestas que llamamos de Navidad y Epifanía ha concluido ya este año 2010. Ahora decimos que empezamos un año nuevo, una etapa nueva, que es en parte pura continuación de lo anterior pero que nos hemos dicho y hemos expresado de muchas formas que deseamos vivirlo de un modo “nuevo”. El año nuevo trae un deseo también nuevo para vivir con mayor profundidad.
Hemos expresado que deseamos vivir lo mismo, pero mejor, queremos evitar el mal, queremos acercarnos al bien, soñamos con que se pueda decir que cada uno intentamos hacer lo bueno, ser más conscientes de cuanto recibimos como don de Dios y regalo de los demás, para poder caminar a lo largo del año con mayor plenitud, con más conciencia y mejor compromiso para lograr un mundo, una vida mejor.
Una forma de alcanzarlo es borrar de nuestro corazón el egoísmo, buscando nuevas formas, o quizás nuevos medios para expresar a los demás nuestro aprecio hacia todo cuanto constituye su vida, pendientes de aquello que les da gozo o les es un motivo de preocupación o dolor. Hacer realidad cualquier deseo de paz y de verdad pasa por el reconocimiento de la acción de Dios en cada hombre, en cada vida. Texto: Hna. Carmen Solé.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman