Los días de Navidad han terminado ya, la vuelta a los quehaceres ordinarios hace que parezca lejano todo el sabor de estas fiestas siempre tan llenas de un sabor familiar, diferente a las otras fiestas del año. Sin embargo, todavía resuenan en muchas partes, expresiones, y músicas de este tiempo, “la Navidad resuena dentro”, dice un canto, como si quisiéramos conservar cuanto han significado para cada uno en este año que casi acaba de terminar.
Muchas expresiones de la liturgia se repiten también año tras año, pero la realidad desde la que las vivimos no es siempre igual y por ello nos parece como si los textos tuvieran una importancia nueva, un sentido diferente. Cada año se repite la expresión del profeta que exclama: “el pueblo que vivía en las tinieblas ha visto una gran luz”. Y me he dicho cuán lejos estamos de saber descubrir esta gran luz.
En nuestro mundo occidental, para la mayoría, las tinieblas no existen, no sabemos casi el significado de vivir sin luz, en las casas, en la calle, la luz nos acompaña en todo momento. Y si miramos al cielo desde nuestras ciudades, qué poca luz parecen tener las estrellas!, no llegamos a captar el fulgor de ninguna de ellas.
El profeta Isaías no nos habla de esta luz ni de esta tiniebla, sino de aquellas que cada uno llevamos dentro, de aquella tiniebla que no nos permite reconocer el paso del Señor que llega como la Luz verdadera y que iluminándonos nos lleva a abrir nuestro corazón y nuestra alma su presencia salvadora. Texto: Hna. Carmen Solé.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman