El salmo 89 es un himno y oración al Dios fiel. En el versículo 38 habla de la luna, y la llama “testigo fiel en los cielos”. La luna es testigo de la fidelidad de Dios a sus promesas porque ella, con su curso exacto, muestra cómo Dios no falta nunca a lo que una vez estableció.
La luna hace valer su testimonio. Su amanecer y su ocaso, sus fases y sus eclipses, sus cercanías y lejanías, y las mareas que causa y el rostro que enseña han sido siempre los que debían ser según el almanaque astronómico de todos los tiempos. No ha fallado nunca. Ese es su testimonio. Con su experiencia nos dice:
“El Dios que ha cumplido su promesa en mí, la cumplirá en vosotros. El Creador que es fiel en mantener las órbitas de los cuerpos celestes en el firmamento, lo es también, y con mayor cariño y compromiso, en proteger los caminos de los hombres y mujeres sobre la tierra. Fijaos en mí y tened fe en Dios. Nunca os fallará.”
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman