En los últimos días del año litúrgico los evangelios nos anuncian etapas de dificultades, calamidades y momentos difíciles que afectarán a todos. Y quién no ha vivido o vive estos momentos. Hay etapas en la vida de cada persona, o de cada familia o comunidad, en las que todo parece ir de mal en peor, como si todo se derrumbara de repente, enfermedades, sufrimientos, calamidades parecen encadenarse sin tener fin y sin hallar el sentido en ellas.
La respuesta de los creyentes, según lo que se nos repite en los evangelios debe ser: “levantar la cabeza”. Aquellos que consiguen hacerlo, es porque tienen puestos sus ojos más lejos de la realidad cotidiana, más lejos de todo nos hace sufrir, más lejos de la pobreza del momento.
Poder “levantar la cabeza, dirigir la mirada al cielo” es fruto de la fe, de la oración, de la seguridad puesta en el Dios que nos da aquello que necesitamos y por eso y en Él podemos encontrar el modo de descubrir en todos esos acontecimientos que se nos manifiestan como adversos su Voluntad.
Nada es fácil, porque no se nos quita el sufrimiento, pero aquellos que saben en Quién han puesto su esperanza y su confianza pueden hallar modos y medios para, en cualquier circunstancia, experimentar el consuelo de Dios.
Adviento, en tiempo que ahora iniciamos, nos conduce precisamente a no quedarnos con el presente demasiado débil, porque solo un niño va a nacer, sino a saber esperar aquello que no se ve y que será realidad más lejos, cuando este Niño nos traiga a todos la salvación y la Paz. Texto: Hna. Carmen Solé.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman