Llama la atención que un libro profético, tan cortó, como el de Jonás, dé tanto de si. Una cosa es leerlo en diagonal y otra sumergirse en él para sacar su mensaje. En este libro, el profeta no queda muy bien. Dios le encomienda una misión: Ir a predicar a los ninivitas y éste en vez de ir a Nínive se embarca en Tarsis para huir lejos de Yahvé.
Ya en alta mar, el Señor desencadenó un viento fuertísimo y el mar se embraveció de tal forma que los marineros aterrados invocaron cada uno a su dios. Mientras tanto Jonás dormía profundamente en fondo de la embarcación. El jefe de la tripulación al verlo le dice: “¿Qué haces aquí dormido? Levántate e invoca a tu dios para ver si se apiada de nosotros y no sucumbamos”. Es curioso que mientras los pagamos oran a sus dioses para que los libre del peligro, Jonás permanece dormido. Parece como si quisiera olvidar el encargo que le había dado Dios. Al enterarse por las explicaciones que les dio el profeta que venía huyendo de Dios, los tripulantes se atemorizaron, como que no les cabía en la cabeza que un hombre desobedeciera un mandato divino. Éstos eran más creyentes que Jonás.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman