“ …de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” Col. 3, 13
No es fácil… pero todos hemos experimentado en algún momento dado la rabia, el dolor por la injusticia o la impotencia ante las realidades que existen, sobre todo, las más próximas. Podemos preguntarnos el cómo actuar o el qué hacer, pero siempre es más complicado dominar algunos aspectos de nuestra vida. “¿Cuántas veces tengo que perdonar…?” dijo Pedro a Jesús. Aún hoy seguimos haciendo la misma pregunta.
Perdonar es realmente, un verdadero paso de valor y voluntad, no es simplemente un sentimiento sino que es una decisión. Pienso que es un acto de voluntad porque no podemos esperar a que ese deseo nazca en el corazón… porque tal vez lo tengamos tan cerrado que sea imposible hacerlo. Primero se ha de tomar la decisión de perdonar y después dejar que poco a poco el sentimiento vaya sanando toda nuestra vida.
Ciertamente es un gran paso, y no es más fuerte el que se mantiene en su idea sino el que es capaz de reconocer y tener una mirada de humildad,es más fuerte aquel que se acerca al otro para hablarle de su error que el que se mantiene con orgullo. A veces, hemos de ponernos en la situación del otro, en ocasiones, es necesario abrirnos para acoger, escuchar… es decir, perdonar y ser perdonado.
El perdón es una expresión de amor, es un reconocimiento importante del valor del ser humano. Sabemos que perdonar nos ayuda a ser mejores personas, pero también sabemos que el tema del cual hablamos no es sencillo, y por supuesto, no se trata de un libro de “recetas”, sino más bien de un compartir sencillo que puede ayudarnos a vivir desde otra perspectiva diferente. Siempre es posible conseguir lo que nos proponemos si lo hacemos con empeño y convencidos de lo que estamos haciendo. Si amamos con fuerza, si no nos fijamos primero en los aspectos negativos, habremos logrado el paso más importante. ¿Perdonar? Siempre merece la pena la experiencia de ese amor que vuelve a encontrarse. Texto: Hna. Conchi García.
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Amigo o amiga mía, que escribes como "blogger", haces unas preguntas muy fáciles de responder.
Perdonar es partir de cero, después de una afrenta de otro o de otros.
Para entendernos, aquello que decíamos de niños, "pelillos a la mar", y lo acompañábamos con un sacudir de manos.
Quizás lo más hermoso del perdón, es que forma parte del amor al prójimo, porque es el reflejo o remedo humano, de la misericordia de Dios.
No cabe el odio en el perdón, como tampoco es posible las tinieblas en la luz.
Es fácil de entender, si te lo propones.
Disiento de tu premisa: el perdón sí tiene que ver con Dios, el creador del amor.
Pero en el fondo, en la forma, en la decisión, en el modo y en el qué... ¿qué es perdonar?
Se suele decir: "Perdono, pero no olvido". O "perdono pero quiero justicia".
Ejemplo: me han robado el coche... ¿perdono? No, voy a la policía y lo denuncio.
¿Dónde está el perdón? ¿Qué relación hay entre perdón y justicia? ¿Entre perdón y resarcimiento? ¿Entre perdón y olvido?
Cre que el único que puede hacer que la "cosa" se perdonde es el tiempo, no la voluntad.
Y no creo que esto del perdón tenga mucho que ver con Dios ni tenga esos efectos maravillosos que aquí se dice. En cualquier tratado de Psicología se habla del sentimiento de "odio" (otra cosa difícil de definir) y la necesidad de no dejarse llevar por el mismo, pero NO por consideraciones religiosas, sino por el bien del individuo.
Domingo, 3 de junio
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