“Cuida ante todo de ser siempre igual a ti mismo” (Séneca). Ser “iguales a nosotros mismos” es estar en conexión con lo que nos hace ser nosotros mismos. Equivale, paralelamente, a despojarnos de toda simulación –no temer mostrar o expresar lo que somos– y de toda pretensión –no pretender ser lo que no somos ni obstinarnos en ser algo en particular-.
Es una coherencia y una honestidad radical respecto de nuestro propio ser, nuestra propia situación y nuestra propia verdad.
No somos iguales a nosotros mismos, por ejemplo…
• Cuando ocultamos nuestro amor si no tenemos garantías de ser correspondidos,
• o bien, simulamos un amor que no sentimos.
• Cuando decimos admirar a ciertas personas y, secretamente, envidiamos a otras.
• Al invertir nuestro tiempo con quienes no queremos estar.
• Cuando ocultamos nuestros límites y nuestra vulnerabilidad.
• Si fingimos ser más o menos de lo que somos.
• Cuando algo que hicimos ayer nos hace sentir mal y nos paraliza en el presente.
• Cuando creemos que un medio no del todo honesto está justificado porque nos permite lograr un bien futuro.
• Al ocultar nuestros gustos y aversiones reales.
• Si no hacemos ni decimos algo porque tememos decepcionar a quienes tienen una idea excelsa de nosotros.
• Cuando nos expresamos solo a medias.
• Cuando buscamos en un título o en el hecho de ocupar un rango institucional o social la seguridad y la autoridad que no sentimos cuando nos presentamos ante los otros, sin más, como seres humanos.
El libre hace libres a los demás. Ser libremente lo que se es, expresarse de forma espontánea y auténtica, es el mayor regalo que nos pueden hacer. Ello requiere un alto grado de aceptación propia. A su vez, es precisamente esta aceptación propia la que permite aceptar realmente a los demás y que los demás se sientan aceptados. Sin lo primero no puede darse lo segundo. Texto: Magua.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman