“El silencio es la casa del diálogo”, no recuerdo donde leí esta frase que me pareció genial. Y es que si queremos comprender al que tenemos delante, lo primero que tenemos que hacer es escucharle. Para escuchar tenemos que tener la mente despejada y esto no es posible sin el silencio. Como muy bien dice San Juan Clímaco: “El amigo del silencio se aproxima a Dios y entreteniéndose con él en el secreto, se llena de luz”. Y será esta luz la que nos ayudará a comprender a nuestro interlocutor y a entablar un auténtico dialogo.
Si los dos estamos abiertos y llenos de la luz, de esta luz que viene de una relación profunda con el Señor, se abrirán cauces insospechados de aprecio, de enriquecimiento mutuo, de un tejido inmejorable para trabar una auténtica amistad que difícilmente se derrumbará. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Sábado, 18 de febrero
Movimiento Rural Cristiano
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Jose Gallardo Alberni
Guillermo Gazanini Espinoza
Religión Digital
Francisco Baena Calvo