Cada mañana antes de salir de mi habitación doy cuerda al reloj. Es un reloj que tiene acumulados muchos años, era de mi padre. Este dar cuerda al reloj puede ser un gesto banal, pero hace ya un tiempo que se ha convertido para mí en una oración. Mientras le doy cuerda, pido al Señor que me de la fuerza para servirle con alegría durante todo el día y para estar dispuesta a servir a los que se acerquen a mí. Pero solamente por hoy, mañana se dará de nuevo cuerda al reloj.
Es posible que no se me presenten grandes acciones a realizar durante la jornada, sólo pequeños servicios como la menudencia de remontar el reloj. Pero esta sencilla acción tiene su importancia para poder cumplir con mis obligaciones. Si no sé la hora podría perjudicar a muchos. Primero, a las jóvenes que desayunan pronto para ir a la universidad, luego, llegaría tarde a la capilla para la oración personal y comunitaria, o no estaría lista para abrir la puerta a la hora que llegan los padres con sus pequeños para dejarlos en el kinder, etc.
Dar cuerda al reloj no es un gesto banal, tiene importancia como todas las acciones que realizamos durante el día. Texto: María Nuria Gaza.
Viernes, 17 de febrero
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