Nuestra vida está hecha de metas que nos vamos proponiendo, de etapas que deseamos alcanzar, de ilusiones que confiamos ver realizadas, pero el transcurrir del tiempo se encarga frecuentemente que todo ello se vaya como mezclando con desilusiones, dolores y penas que se van entremezclando cada día para construir el tejido de la propia vida, un tejido en el que incluso la misma trama no es absolutamente igual.
Todas las pequeñas metas que vamos alcanzando, las comparo a veces con las “puertas” que se encuentran situadas en la carrera de un esquiador. Él corre para irlas salvando de una en una, para ir ganando poco a poco hasta llegar a la meta final. Desde que se inicia la carrera, el descenso, el verdadero centro de interés no está en superar las “puertas” del camino, sino que el interés, el esfuerzo, está en alcanzar con éxito la última puerta, la meta definitiva. Alcanzar la meta será lo último pero es el fin primero.
En la vida la Meta que nos proponemos será también lo último alcanzado. Antes iremos superando otras metas, otras “puertas” que con distintas categorías o valores, nos irán acercando al fin propuesto, en el transcurrir más o menos plácido de los días de la vida. Y no podemos quedarnos encandilados con la superación de cada una de las “puertas”, ni podemos entretenernos escuchando cantos y expresiones que quizás nos separen del fin que nos hemos propuesto.
Si nuestra Meta última es alcanzar la contemplación de Dios, debemos mantener nuestra súplica para que a lo largo del camino, de la carrera, no nos quedemos como embelesados, escuchando cuentos y leyendas, repitiendo experiencias ajenas, que quizás lo único que consigan sea apartarnos un poco de la Meta y hacernos el camino menos fácil, si nos apartamos del recorrido previsto, no hallaremos ni las “puertas” previstas, ni lograremos alcanzar la Meta que buscamos desde el principio.
La carrera, con sus metas intermedias no es más que una forma de expresar nuestro deseo de ser fieles a la llamada que el Señor nos ha dirigido desde el inicio de nuestros días. Texto: Hna. Carmen Solé.
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Siento discrepar, pero lo hago en esta ocasión, hermana Carmen.
Cuando has llegado a una cierta edad, observas que lo importante en esta vida son las paradas, esos que llamas las "puertas" en la bajada.
Creo que estamos en este mundo para vivir, y no para esperar la muerte, porque ésta ya viene sola, la esperemos o no.
Yo no entiendo a Dios, pero me fío de Él, y creo que esta vida es un regalo, y no un castigo.
Y digo que no "le entiendo", porque hay muchos hermanos que sufren mucho. Pero a pesar de eso, continúo fiándome de Él.
Y ES QUE creo que Jesús de Nazaret está contento de haber convivido con nosotros.
Un abrazo.
Viernes, 17 de febrero
Rodrigo del Pozo Fernández
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