El secreto de la miel
06.11.09 @ 08:00:27. Archivado en Cosas de Dios y de la vida
El néctar ha de venir de una flor viva. Por eso las abe
jas no tocan las que han caído al suelo.
La vida tiene niveles de excelencia. Hacer bien las cosas, emplearse a fondo, cuidar los detalles, no contentarse con el producto inferior cuando puede obtenerse el superior, cultivar la excelencia, amar la perfección. Todos tenemos limitaciones y hay que saberlas, aceptarlas y respetarlas; pero dentro de nuestras posibilidades hay alturas de participación y plenitudes de vida que pueden ser nuestras sin forzar ni ansiar, y a ésas hay que tender con seguridad firme y conciencia renovada. No hacer las cosas a medias cuando podemos hacerlas de lleno; no regatear el alma, no escatimar la entrega, no rebajar la vida. No bajarse a la flor caída cuando hay miles en las ramas esperando nuestra visita, si nuestras alas tienen la fuerza de volar, y nuestro corazón la convicción de la excelencia. La miel pura viene de la flor en el árbol.
Cada vez que veo una abeja la saludo en su vuelo rectilíneo y exacto. Princesa de la excelencia. Trabajadora de excepción. Honra de la colmena. Ayúdame a evitar en mi vida el escollo de conformarme con la mediocridad, y a renovar el voto responsable y trascendente de hacer todo lo mejor posible, aunque no me vea nadie ni lo aprecie nadie, en puro desarrollo de mi ser, deber de mi compartir y alegría de mi vida.
Ya sé por qué es dulce la miel. Que sea también dulce la vida. Texto: Magua.
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Sor Gemma Morató
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