Es tradición en algunas familias cristianas, preparar con sus hijos el calendario de Adviento. Desde el primer día de este tiempo litúrgico se hace cuenta atrás de los días que faltan para Navidad, por ello cada día se abre una ventanita de este calendario y se visualiza una escena en relación a la fiesta hasta llegar al día 25 de diciembre.
Para los adultos también este calendario puede tener significado: Hay que abrir ventanas en nuestro corazón para que entre aire fresco en nuestro interior, para que entren los acontecimientos del mundo en nuestro corazón y de ellos hagamos oración, para que entren en nuestros hogares los problemas de tantos hombres y mujeres que sufren a lo largo y ancho de nuestra geografía y tengamos algún gesto significativo para ellos. Si no nos quedamos indiferentes ante toda la problemática que se cierne sobre los países, será para nosotros Navidad: Dios habrá nacido en el seno de nuestra familia y en nuestro corazón. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Llama la atención que un libro profético, tan cortó, como el de Jonás, dé tanto de si. Una cosa es leerlo en diagonal y otra sumergirse en él para sacar su mensaje. En este libro, el profeta no queda muy bien. Dios le encomienda una misión: Ir a predicar a los ninivitas y éste en vez de ir a Nínive se embarca en Tarsis para huir lejos de Yahvé.
Ya en alta mar, el Señor desencadenó un viento fuertísimo y el mar se embraveció de tal forma que los marineros aterrados invocaron cada uno a su dios. Mientras tanto Jonás dormía profundamente en fondo de la embarcación. El jefe de la tripulación al verlo le dice: “¿Qué haces aquí dormido? Levántate e invoca a tu dios para ver si se apiada de nosotros y no sucumbamos”. Es curioso que mientras los pagamos oran a sus dioses para que los libre del peligro, Jonás permanece dormido. Parece como si quisiera olvidar el encargo que le había dado Dios. Al enterarse por las explicaciones que les dio el profeta que venía huyendo de Dios, los tripulantes se atemorizaron, como que no les cabía en la cabeza que un hombre desobedeciera un mandato divino. Éstos eran más creyentes que Jonás.
“ …de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” Col. 3, 13
No es fácil… pero todos hemos experimentado en algún momento dado la rabia, el dolor por la injusticia o la impotencia ante las realidades que existen, sobre todo, las más próximas. Podemos preguntarnos el cómo actuar o el qué hacer, pero siempre es más complicado dominar algunos aspectos de nuestra vida. “¿Cuántas veces tengo que perdonar…?” dijo Pedro a Jesús. Aún hoy seguimos haciendo la misma pregunta.
“Cuida ante todo de ser siempre igual a ti mismo” (Séneca). Ser “iguales a nosotros mismos” es estar en conexión con lo que nos hace ser nosotros mismos. Equivale, paralelamente, a despojarnos de toda simulación –no temer mostrar o expresar lo que somos– y de toda pretensión –no pretender ser lo que no somos ni obstinarnos en ser algo en particular-.
Es una coherencia y una honestidad radical respecto de nuestro propio ser, nuestra propia situación y nuestra propia verdad.
No somos iguales a nosotros mismos, por ejemplo…
• Cuando ocultamos nuestro amor si no tenemos garantías de ser correspondidos,
• o bien, simulamos un amor que no sentimos.
• Cuando decimos admirar a ciertas personas y, secretamente, envidiamos a otras.
• Al invertir nuestro tiempo con quienes no queremos estar.
• Cuando ocultamos nuestros límites y nuestra vulnerabilidad.
• Si fingimos ser más o menos de lo que somos.
• Cuando algo que hicimos ayer nos hace sentir mal y nos paraliza en el presente.
• Cuando creemos que un medio no del todo honesto está justificado porque nos permite lograr un bien futuro.
• Al ocultar nuestros gustos y aversiones reales.
• Si no hacemos ni decimos algo porque tememos decepcionar a quienes tienen una idea excelsa de nosotros.
• Cuando nos expresamos solo a medias.
• Cuando buscamos en un título o en el hecho de ocupar un rango institucional o social la seguridad y la autoridad que no sentimos cuando nos presentamos ante los otros, sin más, como seres humanos.
El libre hace libres a los demás. Ser libremente lo que se es, expresarse de forma espontánea y auténtica, es el mayor regalo que nos pueden hacer. Ello requiere un alto grado de aceptación propia. A su vez, es precisamente esta aceptación propia la que permite aceptar realmente a los demás y que los demás se sientan aceptados. Sin lo primero no puede darse lo segundo. Texto: Magua.
21 de noviembre: La Presentación de María al Templo. Nuestra fundadora, Marie Poussepin, quiso que las que seguimos sus pasos en seguimiento de Cristo, tuviéramos por patrona a María presentada al templo. Ya sabemos que este acontecimiento no aparece en los evangelios, pero lo importante para nosotras es su significado: Tener siempre presente a Dios en nuestra vida.
Esta santa mujer del siglo XVII, no era amiga de grandes elucubraciones sino de una piedad sólida, sencilla y práctica, muy conveniente para las jóvenes que acogió para que continuaran su ideal. Por esto, recomienda a sus hijas que la mejor manera de honrar a la Virgen es imitar las virtudes que María practicó en grado eminente. Nada de pequeñas devociones ñoñas y sensibleras sino ir a lo importante. Y nada puede demostrar un amor más grande a María que imitarla en su disponibilidad, entrega, humildad, entereza. Toda su vida fue un sí a la voluntad de Dios.
Ojalá nosotras, las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación de la Santísima Virgen que la tenemos por patrona en su advocación de la Presentación estemos dispuestas a responder siempre afirmativamente a la voluntad de nuestro Padre, como Ella lo estuvo: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
"Pedid y se os dará". Estas palabras de Jesús recogidas en el evangelio son una invitación a reconocer cuan necesitados estamos de la ayuda de Dios. Pedir, sabiendo que Dios escucha siempre nuestras peticiones y nos dará cuanto pidamos.
La actitud de pedir, de suplicar, nos ayuda a reconocer nuestra pequeñez, pedir nos enseña también a mirar a los demás con el deseo de recibir algo de ellos, porque a pesar de su pecado, pueden ser el medio elegido por Dios para hacerse presente en nuestra vida. Pedir es mantenerse abiertos al regalo que Dios nos hace, aunque quizás no será el regalo esperado o será un regalo que nos va a llevar por una senda de entrega, de generosidad.
Tres lugares me impresionaron profundamente en mi visita a El Salvador: La casa, si es que así se puede llamar al diminuto apartamento donde vivía monseñor Romero, dentro del recinto del hospital de la Divina providencia. La gente lo denomina familiarmente “el hospitalito”. Dicho apartamento, se parece más a la estancia de un cura rural que a la del aposento de un arzobispo. Al entrar se encuentra una sala, en la cual hay una mesa dos sillas y un armario empotrado al fondo donde el arzobispo guardaba sus ornamentos. Al abrir el armario, nos mostraron el alba con las manchas de sangre del día que lo asesinaron, es una auténtica reliquia. A la derecha hay una habitación con una hermosa hamaca blanca que tejieron los campesinos para su obispo. A mi entender es lo más preciado de todo lo que encierra la casita. Se encuentra al otro lado, la modesta habitación y el cuarto de baño. Entre la sala de entrada y su habitación, detrás de la puerta una repisa con un hornillo eléctrico. Todo de una extrema sencillez rayando a la pobreza. Esta visita me llevó a recordar algunas de las frases de este santo varón:
“El silencio es la casa del diálogo”, no recuerdo donde leí esta frase que me pareció genial. Y es que si queremos comprender al que tenemos delante, lo primero que tenemos que hacer es escucharle. Para escuchar tenemos que tener la mente despejada y esto no es posible sin el silencio. Como muy bien dice San Juan Clímaco: “El amigo del silencio se aproxima a Dios y entreteniéndose con él en el secreto, se llena de luz”. Y será esta luz la que nos ayudará a comprender a nuestro interlocutor y a entablar un auténtico dialogo.
Si los dos estamos abiertos y llenos de la luz, de esta luz que viene de una relación profunda con el Señor, se abrirán cauces insospechados de aprecio, de enriquecimiento mutuo, de un tejido inmejorable para trabar una auténtica amistad que difícilmente se derrumbará. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Cada mañana antes de salir de mi habitación doy cuerda al reloj. Es un reloj que tiene acumulados muchos años, era de mi padre. Este dar cuerda al reloj puede ser un gesto banal, pero hace ya un tiempo que se ha convertido para mí en una oración. Mientras le doy cuerda, pido al Señor que me de la fuerza para servirle con alegría durante todo el día y para estar dispuesta a servir a los que se acerquen a mí. Pero solamente por hoy, mañana se dará de nuevo cuerda al reloj.
Es posible que no se me presenten grandes acciones a realizar durante la jornada, sólo pequeños servicios como la menudencia de remontar el reloj. Pero esta sencilla acción tiene su importancia para poder cumplir con mis obligaciones. Si no sé la hora podría perjudicar a muchos. Primero, a las jóvenes que desayunan pronto para ir a la universidad, luego, llegaría tarde a la capilla para la oración personal y comunitaria, o no estaría lista para abrir la puerta a la hora que llegan los padres con sus pequeños para dejarlos en el kinder, etc.
Dar cuerda al reloj no es un gesto banal, tiene importancia como todas las acciones que realizamos durante el día. Texto: María Nuria Gaza.
Nuestra vida está hecha de metas que nos vamos proponiendo, de etapas que deseamos alcanzar, de ilusiones que confiamos ver realizadas, pero el transcurrir del tiempo se encarga frecuentemente que todo ello se vaya como mezclando con desilusiones, dolores y penas que se van entremezclando cada día para construir el tejido de la propia vida, un tejido en el que incluso la misma trama no es absolutamente igual.
Todas las pequeñas metas que vamos alcanzando, las comparo a veces con las “puertas” que se encuentran situadas en la carrera de un esquiador. Él corre para irlas salvando de una en una, para ir ganando poco a poco hasta llegar a la meta final. Desde que se inicia la carrera, el descenso, el verdadero centro de interés no está en superar las “puertas” del camino, sino que el interés, el esfuerzo, está en alcanzar con éxito la última puerta, la meta definitiva. Alcanzar la meta será lo último pero es el fin primero.
El néctar ha de venir de una flor viva. Por eso las abe
jas no tocan las que han caído al suelo.
La vida tiene niveles de excelencia. Hacer bien las cosas, emplearse a fondo, cuidar los detalles, no contentarse con el producto inferior cuando puede obtenerse el superior, cultivar la excelencia, amar la perfección. Todos tenemos limitaciones y hay que saberlas, aceptarlas y respetarlas; pero dentro de nuestras posibilidades hay alturas de participación y plenitudes de vida que pueden ser nuestras sin forzar ni ansiar, y a ésas hay que tender con seguridad firme y conciencia renovada. No hacer las cosas a medias cuando podemos hacerlas de lleno; no regatear el alma, no escatimar la entrega, no rebajar la vida. No bajarse a la flor caída cuando hay miles en las ramas esperando nuestra visita, si nuestras alas tienen la fuerza de volar, y nuestro corazón la convicción de la excelencia. La miel pura viene de la flor en el árbol.
“Cuando das sin esperar, cuando quieres de verdad, cuando pidas perdón en lugar de rencor, hay paz en tu corazón”. Son las palabras que forman una canción que escuchaba hace unos días. Es otra manera de decir que podemos llegar adonde queramos. Dar sin esperar nada a cambio es lo que hace que seamos verdaderamente ricos; querer de verdad, nos hace personas nuevas y con ganas de empezar cada día algo nuevo; pedir perdón… empuja a mejorar y a crecer, a cambiar nuestro corazón y hacer de él un lugar de acogida y de escucha.
Sólo así, podemos luchar con sinceridad y alcanzar nuestros sueños con “limpieza de corazón”. No, los sueños no son sólo sueños… son algo más, los sueños nos pertenecen y forman parte de uno mismo, éstos nos llevan y acompañan en muchas ocasiones, y precisamente, son los que nos ayudan a ser realistas en ciertos momentos de la vida. Con nuestros sueños podemos ser conscientes de que la realidad existe. Ellos nos dan la posibilidad de creer que sí es posible.
¿Por qué Dios mío? Es la pregunta que se alza desde lo más hondo de mi corazón viendo las tristes noticias que nos llegan de Tierra Santa. Santa porque en ella nació y murió Jesús, el que dio su vida para que tuviéramos vida y allí la gente mata y muere.
¿No podrán los hombres entenderse, buscar la justicia para todos sin tener que matarse, por qué no entienden que con la guerra nadie va a ganar? De un lado mueren muchos pero tampoco los del otro lado tienen seguridad y a más muertes más odio se siembra.
Jueves, 16 de febrero
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Manuel Mandianes
Urbano Sánchez García
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital
Francisco Margallo
Jesús Mauleón
Javier Madrazo Lavín