La calma no debe verse como un relajamiento o pasividad ante el mundo. Estamos presionados a transformar el mundo, a mejorarlo, a curar las heridas y llagas que hay en él, pero para realizar correctamente esa labor nos hace falta la virtud de la calma. No es fácil mantener la calma en situaciones tensas o en contextos hostiles; menos aún, cuando sentimos la punzada del dolor o vemos que nuestros proyectos se hunden.
Con demasiada facilidad identificamos calma con apatía, falta de compromiso o desinterés. Nada más inexacto. Hay que trabajar, educar, comunicar, resistir e incluso sacrificarse; pero con calma, con la serenidad de quien sabe que está cumpliendo con su deber, de quien sabe que es honesto consigo mismo, de quien sabe en Quien ha puesto su confianza, de quien sabe que para Dios nada hay imposible. Texto: Magua.
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En estos tiempos que "corren" (no solo pasan, sino que vuelan), es difícil pararse a tomar aire, meditar, y elegir la opción adecuada.
Creo que hay que poseer una fe fuerte en Dios y en su misericordia, para tener la serenidad que se precisa en todos los momentos de la vida.
Conformémonos con hacerlo una vez al día, si nuestras actividades nos impiden una "paradiña" en mitad del camino.
Abrazos.
Martes, 14 de febrero
Francisco Baena Calvo
José Rubio y César Luis Caro
Pedro Tarquis
Mariano Fresnillo Poza
Josemari Lorenzo Amelibia
Juan Fernandez Krohn
Carlos Corral
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Manuel Mandianes