Durante los primeros siglos de la Iglesia los salmos no fueron patrimonio exclusivo de los sacerdotes, monjes y consagrados, sino que alimentaban la oración de todos los fieles. La iniciación a los salmos formaba parte de la iniciación cristiana, porque todo cristiano si quería participar activamente en las asambleas litúrgicas, tenía que salmodiar, y era necesario que lo hiciera con un mínimo de conocimiento. De aquí viene que los grandes obispos en sus catequesis a los catecúmenos, se preocuparan de hacer algunas explicaciones de los salmos a aquellos que ellos iban a bautizar la noche de Pascua. Cierto que la enseñanza del Padrenuestro, el símbolo de los Apóstoles, los misterios y los sacramentos se llevaban la mayor parte del tiempo de sus enseñanzas, así pues con la explicación de unos pocos salmos bastaba para que iniciaran a los catecúmenos en el rezo de los salmos y con estas explicaciones ellos ya podían adentrarse en el rezo de los restantes. Los salmos son poesía y oración y nacieron con esta finalidad en el antiguo Israel.
Con todo no es tan fácil para el cristiano de hoy la comprensión de todos los salmos. Nos separan miles de años y muchos kilómetros de la época y del lugar que se compusieron. La cultura hebrea no es nuestra cultura occidental.
Así que cuanto más se conozca la cultura hebrea, más familiarizados estaremos con la Biblia y nos será más fácil comprenderlos. Santa Teresita del Niño Jesús decía que le hubiera gustado saber hebreo para poder rezar los salmos en la misma lengua que los rezó Jesús, su Madre y tantos santos del Antiguo Testamento y también de los primeros siglos del Nuevo.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman