En cualquier grupo surgen a veces desavenencias fruto de puntos de vistas distintos, en aspectos que normalmente no son ni muy importantes, pero que generan discusiones y a veces envidias.
En ocasiones, cuando estos problemas no son ni graves, acabamos afirmando que “somos todos diferentes”, para resumir nuestros puntos de vista distintos o incluso divergentes. La Primera carta de San Pablo a los Corintios (ICor 12, 15 ss) desarrolla la explicación de nuestra diversidad a partir del ejemplo del cuerpo humano. Estamos compuestos por miembros diversos pero todos juntos forma una unidad, y cada uno debe desarrollar su especificidad. El apóstol nos dice claramente es preciso lograr que cada uno pueda ser “mano”, o “pie”, “oído” u “ojo”, de acuerdo con el plan de Dios, para que entre todos los miembros, formemos en verdad un solo cuerpo.
Todos distintos, lo sabemos, lo constatamos, pero en ocasiones nos gustaría que fuésemos más semejantes, o que aquellas personas con las que vivimos fuesen de otro modo, es decir nos gustaría que fuesen aquello que deseo que sean, cuesta reconocer el plan de Dios en la riqueza de la diversidad.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman