Mi vocación

¿No tener hijos hace más feliz?

14.10.09 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida
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En la contra de un periódico de estos días, venía esta afirmación: “Las parejas son más felices sin hijos que con ellos”. Me quedé sorprendida por esta afirmación tan tajante. He reflexionado, sin tener experiencia, ya que soy célibe. Pero he repasado entre mi familia, mis amigos y conocidos. Conozco matrimonios con hijos y sin ellos.

Si ser feliz es no tener quebraderos de cabeza, quizás daría la razón a esta afirmación radical. Pero, ¿estriba ahí, la auténtica felicidad? Los hijos conllevan preocupación, cierto, pero también mucha alegría. Si los hijos no corresponden al amor que sus padres les han brindado, al menos tendrán la satisfacción del deber bien cumplido, cuando éstos han hecho por sus hijos todo lo posible.

Ver aumentar la familia, que es fruto del amor de la pareja, es un gran gozo para los padres y si más tarde los hijos forman un hogar, los nietos son un gran regalo de Dios. He conocido hogares bien estantes y también con pocos recursos y los he visto felices al tener hijos.

También he conocido parejas sin hijos que se han cerrado en su pequeño círculo. ¿Es esta la verdadera felicidad? Para mi modo de ver es una vida egoísta, con pocos horizontes. Otra cosa es cuando no pudiendo tener hijos, la pareja se ha decidido a entregar su amor a un niño adoptado. Es un reto que tienen que afrontar sopesando pros y contras, sin buscar ningún tipo de recompensa sino mirar el bien del adoptado que tendrá desde el momento de su adopción unos padres que le quieren, una familia. El cariño es un aspecto esencial para el buen desarrollo psicológico de un niño. ¿No está la verdadera felicidad en hacer felices a los demás? Texto: Hna. María Nuria Gaza.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por saruce 15.10.09 | 19:10

    Esta mañana fuimos a una iglesia a hacer una "visita".
    Mi esposa y yo entramos por una de las dos puertas, y un matrimonio con dos hijos, accedió al interior, por la puerta de al lado.
    Al salir, mi esposa me dijo: "Yo le he dado gracias por todos, es decir, también por nuetros hijos, pero ese matrimonio ¿también le dará gracias por sus hijos?".
    Los dos hijos de ese matrimonio al que me he referido, tenían un cierto grado de discapacidad mental.
    "Sin dudarlo", le respondí, convencido.
    Acababa de ver el rostro de paz, de alegría y de felicidad de aquellos padres.

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