En la contra de un periódico de estos días, venía esta afirmación: “Las parejas son más felices sin hijos que con ellos”. Me quedé sorprendida por esta afirmación tan tajante. He reflexionado, sin tener experiencia, ya que soy célibe. Pero he repasado entre mi familia, mis amigos y conocidos. Conozco matrimonios con hijos y sin ellos.
Si ser feliz es no tener quebraderos de cabeza, quizás daría la razón a esta afirmación radical. Pero, ¿estriba ahí, la auténtica felicidad? Los hijos conllevan preocupación, cierto, pero también mucha alegría. Si los hijos no corresponden al amor que sus padres les han brindado, al menos tendrán la satisfacción del deber bien cumplido, cuando éstos han hecho por sus hijos todo lo posible.
Ver aumentar la familia, que es fruto del amor de la pareja, es un gran gozo para los padres y si más tarde los hijos forman un hogar, los nietos son un gran regalo de Dios. He conocido hogares bien estantes y también con pocos recursos y los he visto felices al tener hijos.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman