Mi padre era un enamorado de los montes Pirineos. Y lo que él no se imaginaba es que su hija, a la que él hubiera deseado ver madre de familia, se ensimismaba al contemplar las hermosas salidas y puestas de sol en estos maravillosos parajes.
La montaña ha sido un lugar de teofanías: El Oreb, el Tabor. Para mi contemplar aquellas montañas era como una pequeña teofanía; “voy a contemplar lo que ocurre a esta zarza que arde sin consumirse”, dijo Moisés en el monte Oreb.
Admirar tanto esplendor me llevó a pensar y reflexionar mucho en el Creador y también a escuchar con más claridad una especie de gusanillo que roía en mi interior: “Esto no es nada en comparación de la belleza del Hacedor”.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman