Mi vocación

Predicar la bondad

05.10.09 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida
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Los días suelen tener en sí mismos algo de repetitivos y para algunas personas de monótonos. En muchas cosas, mañana haremos lo mismo que hemos hecho hoy, tan similar al ayer. Algunos días pasan en nuestras vidas sin dejar huella, sin que después de un tiempo podamos recordar cómo los vivimos, que es lo que hicimos, cuál fue su impronta en nuestra vida. Pero aún en esos días nada es inútil si procuramos vivir siempre acentuando la bondad y la hermosura de lo creado, de todo cuanto nos rodea, de cuanto nos acontece, sin caer en la tentación tan fácil de acentuar el mal.

Predicar la bondad a veces débil contra las maldades, sin permitir que el mal hacer propio o de los demás cobre protagonismo, buscando generar la paz, ayudando a los que tenemos cerca a reconocer los deseos de bien, apagando o reduciendo las guerras y las luchas que suelen darse aun entre hermanos y que pueden empañar toda una jornada. Predicar la bondad se logra a veces sólo con el silencio, pero sobre todo con la oración.

Si al final del día podemos aun mantener un hilo de optimismo, es porque Dios ha ido llenando nuestras alforjas con frutos de bondad, para que los repartiéramos entre aquellos que tenemos más cerca. Es Dios quien nos permite repartir entre los demás el bien que Él mismo nos ha dado.

Es el Señor quien ha puesto en nuestros labios palabras de consuelo para los tristes, y nos ha hecho sentir felices si hemos conseguido arrancarles una leve sonrisa. Dios mismo nos ha hecho pronunciar palabras de apoyo para los fatigados, y nos hemos sentido felices si hemos conseguido una actitud menos tensa. También es obra de Dios saber compartir la alegría con aquellos que están alegres, sin acordarnos de nosotros mismos, sin envidiar su felicidad.

Poder apagar la última luz del día dando gracias a Dios por haber intentado predicar la bondad nos hará conciliar el sueño con una sonrisa en los labios. Texto: Hna. Carmen Solé.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por saruce 05.10.09 | 18:58

    Hay quienes piensan que el apostolado consiste en gritar a los cuatro vientos que Dios es nuestro padre, que nos ama, y que nos bendice, a cada instante, en la vida.
    Leyendo este blog, percibiendo vuestros testimonios, y el de otros que sienten la fe en Jesús de Nazaret, he llegado a la conclusión de que también se es apóstol sirviendo de referencia a los demás con nuestros actos, nuestras palabras y nuestros silencios.
    En realidad, como bien dices, hermana Carmen, es dar algo de lo que Dios nos ha dado previamente.
    No es tan difícil ser cristiano, ¿verdad?.
    Un abrazo

  • Comentario por Pedro 05.10.09 | 11:18

    Gracias por sus palabras, hermana.
    El blog de ustedes es de lo más vivificante que he encontrado, y guarda verdadera fidelidad al proyecto de Dios para nosotros.
    P.-

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