Estaba leyendo un libro de Thomas Merton, sobre espiritualidad, y hubo varias cosas que me llamaron la atención, entre ellas: “La contemplación es la más alta expresión de la vida intelectual y espiritual del hombre”. Esta frase me ha hecho reflexionar sobre la vida, el hombre, mi vida. Entiendo que la contemplación llega hasta lo más profundo del ser humano, allí donde ni él mismo ha llegado sin la mediación de esta contemplación. Aborda la vida intelectual… para ayudar a comprender un “poco” esa parte más humana; y llega hasta la vida espiritual que es la que da el empuje final para ese encuentro entre el tú y su yo.
La contemplación es “gratitud”… por todo (vida, conocimiento, ser), ya que te lleva a descubrir lo que hay en lo más profundo de tu ser, te abre la vida y te muestra que verdaderamente se puede “respirar” sin necesidad de una protección o mascarilla. Esta contemplación nos da el regalo de descubrir nuestro ser… es como hallar nuestros puntos más positivos, también los menos positivos… es… encontrar la “locura” de vivir.
Necesitamos algo palpable, algo que nuestro conocimiento pueda traducir en entendible, por ello se tiende a comparar el hecho contemplativo con aquello que no es material, como la poesía, música o arte. A pesar de que somos conscientes de sus límites, algo de verdad existe en ello. La música te transporta, te arropa y envía a otros lugares desconocidos pero bellos a su vez. Al igual que ésta, ocurre lo mismo con el arte y la poesía, son medio de expresión que sin ellos jamás se llegarían a realizar ninguno de los escritos u obras tan dicientes como las que hoy día poseemos. ¿Qué nos lleva a ello? Todo esto es una forma, una manera pero… a su vez, es aquello que entra en la vida de uno, olvida por momentos el resto y se deja llevar por la maravilla de la inspiración. Por ello también dice “para entrar en el ámbito de la contemplación debemos, en cierto sentido, morir”. Dejar de estar aferrados a nuestro yo más íntimo para abrirnos a la parte más desconocida (y apasionante).
La contemplación se convierte en un diálogo entre Dios y el hombre. “Dios al crearnos nos hace una pregunta, y al despertarnos a la contemplación, respondemos a esa pregunta”. Dios crea cuando me pregunta y se dirige directamente a mí, yo al responder estoy diciendo que Sí…; al hablar, al querer responder ya he terminado esa creación que Dios había propuesto. Estoy convencida de que la pregunta de Dios y la respuesta del hombre van unidas y no puede ocurrir una cosa sin otra, es decir, el hombre es hombre cuando Dios se ha fijado en él. Texto: Hna. Conchi García.
Viernes, 17 de febrero
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