Para mucha gente existe como una dificultad innata para aceptar los acontecimientos extraordinarios que a veces se presentan en nuestras vidas, como si quisiéramos no salir de lo ya establecido, de la rutina de cada día, en un intento de dominar todo cuanto nos acontece y acontece a nuestro alrededor.
Sin embargo la vida cristiana debería ser para todos como una escuela de apertura, como un modo de mantenernos abiertos para aceptar la presencia de la gracia de Dios que actúa en cada persona, y en cada acontecimiento de la vida. Mantenerse en la humildad, en la capacidad de maravillarse por el actuar de Dios es un actitud que conlleva una cierta parte de ascesis, de huida de todo egoísmo y orgullo.
Los orgullosos, aquellos que viven centrados en ellos mismos, no pueden reconocer el camino que Dios hace en ellos mismos ni en los demás. Crece en ellos como una actitud de desconfianza que se opone a la fe.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman