Uno de estos días, mientras regaba las plantas me vino en la mente que del mismo modo que para que las plantas estén lozanas y frondosas y den flores hay que cuidarlas con esmero, algo semejante ocurre con nuestra vida espiritual. Si no la mimamos ésta decae, aparece el tedio y el aburrimiento para las cosas de Dios.
El clima en una azotea, no es el más favorable para las plantas: El frío extremado, o el sol tórrido de agosto, el viento huracanado, hacen sus estragos. En la vida espiritual aparecen también climas poco apropiados para crecer espiritualmente: El trabajo que nos apremia y nos hace caer en la tentación de acortar nuestra oración, las incomprensiones, la enfermedad, el ambiente exterior. Si no sabemos combatir éstas y muchas más dificultades que nos acechan con serenidad y tenacidad, pensando que todo puede contribuir al bien de aquellos que aman a Dios, nos hundiremos poco a poco hasta perder el norte de nuestra vida.
En los momentos difíciles hay que saber buscar ayuda ya en buenos libros o en alguna persona sabia que sepa darnos un buen consejo. Y especialmente recurrir a aquel que dijo: “Venid a mi cuando estéis cansados y agobiados y yo os aliviaré”. Texto: Hna. Mª Nuria Gaza.
Viernes, 17 de febrero
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