Mi vocación

El ventarrón no tumba las ceibas

14.08.09 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida
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En la vida religiosa hay de todo como en botica. Hermanas que te marcaron de joven, otras que te ayudaron a saber lo que no querías ser, otras siguen a tu lado acompañando la fidelidad al Señor, otras ni pinchan ni cortan como en cualquier familia… Pues de todo… pero lo más bonito es ver a esas hermanas mayores, esas que saben que son abuelas, que no les duele serlo, al contrario que la vida las ha curtido para tener un buen regazo, una palabra a punto, una sonrisa inacabable aún con los achaques de la edad,… ojalá toda religiosa llegue a ser una abuela entrañable para transmitir esa dulzura, esas palabras tan acertadas, tan bien dichas y que además pueden decirlas sin ningún problema.

¿Y por qué hablo de estas religiosas mayores? Éstas que sostienen las comunidades, las congregaciones, con la oración, con su testimonio de vida y la cabeza más clara que nadie. Pues hablo de ellas como homenaje a su VIDA tan verdadera y trasparente.

Una me decía hace unos días: “Las dificultades no son eternas; lo temporal no debe amargar aún cuando lesiona. Después de la tempestad viene la calma; interesa mucho esa paz interior en el fondo del ser donde mora El Señor y se teje la vida verdadera. El ventarrón no tumba las ceibas”.

¡Pues eso!, que las dificultades de la vida no sean más que un vendaval. Con nuestra vida arraigada en el Señor seremos árbol frondoso, de tronco recio y raíces profundas. Y que siempre en nuestra vida haya personas dispuestas a recordarnos lo realmente importante. En mi caso, unas religiosas santas que han vivido y viven por el Señor. Texto: Sor Gemma Morató.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Gemma Morató [Blogger] 14.08.09 | 12:38

    Muchas gracias Saruce por tus amables palabras, por estar aquí... Gemma

  • Comentario por saruce 14.08.09 | 12:11

    Y si las llegase a tumbar, no dudes que sus buenas semillas generarían ceibas nuevas, más vigorosas.
    Quienes hemos recibido amor, tenemos la propiedad de transmitirlo, a poco que nos esforcemos.
    Yo os animo, una vez más, a "estar ahí", recordándonos que alguien cuida de nosotros, diciéndole a Dios que le necesitamos.
    Un abrazo, hermana Gemma, extensivo a tus compañeras.

Domingo, 12 de febrero

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