En el evangelio de San Juan hallamos el texto tan conocido del milagro que Jesús realizó de la multiplicación de los panes, para aliviar a quienes le seguían.
La generosidad de un joven, un muchacho, que no se echa atrás para poner a disposición de Jesús cuanto tenia, hizo posible que la dificultad se convirtiese en una fiesta. Pudieron sentarse todos, pudieron comer todos y de donde parecía que no había comida para nadie, sobró para muchos.
El evangelio nos enseña que cada uno deberíamos aprender a aportar cuanto el Señor nos ha dado para paliar la necesidad de otros. Quizás mi aportación puede ser muy pequeña, pero nunca sabemos lo que el Señor puede desarrollar a partir de ella. Por otra parte, deberíamos también saber valorar las aportaciones que cada persona puede hacer en bien de los demás, saber suscitar estas aportaciones es una gracia y puede llegar a ser el inicio de un milagro. Podríamos así todos sentirnos colaboradores de los demás, podría crecer aun más nuestra solidaridad y nuestra compasión.
Los días de verano, quizás mejor que los de invierno son una invitación al compartir. Que el Señor nos enseñe a saber poner a disposición de los otros aquello que Él mismo nos ha dado para que podamos también ofrecerlo. Texto: Hna. Carmen Solé.
Miércoles, 15 de febrero
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Alejandro Córdoba
Manuel Mandianes
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos