“Venid a mí los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”. Esto es lo que hicieron el jefe de la sinagoga Jairo, que tenía su hija agonizando y la mujer que padecía hemorragias desde hacía muchos años. El uno se presenta a Jesús y le ruega: “Ven a mi casa que mi hija está gravemente enferma”. La otra no se atreve a presentarse ante Jesús, es una mujer insignificante del pueblo y además según la ley judía es impura. Por esto se dice a ella misma: “Si logro tan sólo tocar el borde de su manto quedaré curada”. Grande era su fe, y fue la fe que hizo salir un poder de Jesús que la curó mereciendo el elogio de Jesús: “Tu fe te ha salvado vete en paz”.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman