En el tiempo de cuaresma es bueno meditar sobre el Evangelio en que Jesús nos invita a coger nuestra cruz y seguirle: “El que quiera seguirme niéguese a si mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo” (Lc. 9, 23). Fijémonos en que es nuestra cruz y no la del vecino la que hay que coger, pues en ocasiones nos gustaría que nuestra cruz fuera otra. Nos ocurre como a un hombre que se quejaba siempre de su suerte. Dios lo llevó en sueños a una habitación llena de cruces para que eligiera a su gusto la mejor. Las había de todo tamaño, de diversas cualidades de madera. El pobre hombre empezó a mirar cual iba a escoger. Unas le parecían demasiado grandes y pesadas, no iba a poder con una de ellas. Otras eran tan pequeñas que le daba vergüenza elegirlas. Después de mirar y remirar escogió una que le pareció la más apropiada a sus fuerzas. Entonces el Señor le dijo: “Justo está es la que yo elegí para ti”. Buen chasco se llevó el buen hombre.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman