
El salmo 36 es uno de los salmos que me gusta releer para saborearlo. En él se contrapone la suerte del justo a la del malvado: “El malvado espía al justo e intenta darle muerte. La boca del justo expone la sabiduría, su lengua explica el derecho, porque lleva en su corazón la ley de Dios, sus pasos no vacilan”. En una sucesión de hechos el salmista va desgranando cual es el fin del honrado y cual la del perverso. Canta la dicha del hombre honrado en su pobreza y el peligro del malvado en su opulencia.
Todo el salmo es como un comentario a las bienaventuranzas proclamadas por Jesús (Mt. 5, 1-11). La tercera de las bienaventuranzas se expresa con las mismas palabras del salmista: “Los sufridos poseen la tierra” (v. 11). En el sermón del monte: “Los mansos poseerán en herencia la tierra” (Mt. 5, 4).
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman