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La fe

20.02.09 | 08:00. Archivado en Fe
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La vida no es para nadie un camino de gozo, de luz y de paz constantemente experimentados. Cada cual sabemos por verdadera experiencia, cuántas veces nuestros días quedan como nublados o entristecidos por situaciones adversas que se nos presentan: enfermedades graves, problemas económicos o de trabajo, que nos hacen difícil reconocer en ellas la mano amorosa de Dios. En otras ocasiones es en medio de nuestro quehacer diario, donde se nos presenta problemas de relación, que generan incomprensiones con aquellos que tenemos más cerca, con aquellos que de verdad compartimos la vida.

Ante estas circunstancias difíciles e incontrolables, la persona de fe, sufre, llora y se preocupa como los demás, pero nunca la tristeza llega a invadir su alma por todo eso. No es que sea insensible o que su corazón quiera esconder o evitar aquello que le hace sufrir, sino que consigue aguantar las adversidades porque su confianza y su esperanza están puestas en Dios. Por esto parece como si nada turbase su paz, aun en medio de las lágrimas, por que experimenta de verdad que Aquél en quien ha puesto su confianza es superior a todo cuanto de adverso se le pueda presentar.

De este modo la fe se convierte en esperanza, porque sabe que nada ni nadie podrá separarle del amor de Cristo, y este amor es el verdadero deseo de poder palpar y saborear la presencia de Dios en los acontecimientos del mundo presente hasta alcanzar la vida eterna. Texto: Hna. Carmen Solé.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por janeth 20.02.09 | 15:34

    una pregunta saruse es Ud. una Hna. dominica lo digo por como escribe, quisiera saber, disculpe la pregunta. Gracias..............

  • Comentario por saruce 20.02.09 | 11:07

    Por eso es muy difícil de entender que alguien que sufre, muestre una actitud positiva ante la vida.
    Los no creyentes consideran que la fe es un puro teatro, y no conciben que la esperanza en Dios, y el amor y la misericordia de Él hacia nosotros, pueda revertir nuestros padeceres temporales y cotidianos, en auténtica confianza en sus designios.
    Por esa razón, deberíamos mostrar a los no creyentes una vida ejemplar, donde el amor, la paz y el perdón, sean nuestras tarjetas de presentación.
    Y ES QUE no somos extraterrestres, sino personas normales, comprometidas con el mensaje cristiano.

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