El evangelio de Marcos, que es muy detallista, nos narra (4,35-40) que los discípulos navegaban en el lago con el Maestro. Se levantó un fuerte huracán y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Jesús dormía placidamente en la popa reclinada su cabeza sobre un almohadón. Los discípulos están aterrados luchando contra la marea mientras Él continua durmiendo.
Los pobres discípulos, que en cosas de la mar tienen pericia, al ver que no pueden dominar la situación acuden a Jesús, seguramente atónicos que no se haya despertado: “¿Maestro no te importa que nos hundamos? Él se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: ¡Silencio, cállate! Y vino una gran bonanza”.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman