Mi vocación

Buscar a Dios

30.01.09 | 08:00. Archivado en Fe

En muchas ocasiones he escuchado y orado las palabras: “Tu rostro buscaré Señor…” (Salmo 26) pero ahora esta palabra es iluminada desde un contexto concreto y es ahí donde orando nuevamente este salmo, me viene una pregunta a la mente; ¿Cómo te estoy buscando hoy, Señor? En dicha pregunta, se da una respuesta que late en el corazón, personal e íntima, fruto de un encuentro, donde el Señor se adentra y da luz siempre con su Palabra.

También se me hace presente una frase que un dominico me repite muchas veces y siempre dando aliento a vivir el hoy siendo más feliz, porque hay mucho para dar; “la vida se vive día a día y cada día tiene su afán; Sé feliz”. Ahora hay que ponerse manos a la obra, que las palabras se arraiguen en la propia existencia. Adentrémonos en la aventura de buscar el rostro del Señor en todo lo que nos ofrece y vivimos en el día a día, acogiendo lo que cada día nos trae de novedad, de sorpresa, venga como nos venga la jornada, a veces con sus sombras pero tan llenas de luces y alegrías. El ayer que pasó nunca será igual al hoy pero si que hoy tenemos entre las manos la oportunidad de avanzar en el camino, de Amar más buscando al Señor.

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No me dejes sola

28.01.09 | 08:00. Archivado en Fe

En un mundo en el que el individualismo y el dejar hacer están muy presentes me atrevo a decir que no es cierto que las personas quieran estar solas, ser únicas, no es verdad que el hombre no tenga un corazón de carne… no puede ser, me resisto a pensar que no seamos capaces de amar con fuerza.

Aunque nos avasallen con diferentes ideas, el ser humano es sensible y necesitado de amor, comprensión y cariño. Ser uno mismo no implica convertirse en un ser poco relacional, es más, el llegar a descubrirse da lugar a ser una persona abierta y con unas grandes miras. Pienso que no seríamos capaces de hacer demasiadas cosas sino contásemos con el apoyo de las personas que nos rodean, que nos quieren.

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Escuchar y acoger

26.01.09 | 08:00. Archivado en Oración

Hay una gran diferencia entre escuchar y acoger. Este aspecto nos lo hace remarcar muy bien el evangelio de la parábola del sembrador (Mc. 4, 1-20). En realidad todos los oyentes han escuchado la Palabra de Dios representada por la semilla esparcida por el sembrador pero el resultado es diverso:

Unos escuchan la Palabra pero una vez escuchada el diablo se la lleva de su corazón porque cayó en el camino, no había ninguna posibilidad de crecer. Otros la escuchan y dice que con alegría pero la semilla no puede hundir sus raíces en la tierra porque ha caído en terreno pedregoso y al aparecer la dificultad sucumben ante ella. La Palabra no puede dar fruto en semejantes condiciones hay que estar dispuesto a sufrir para que la Palabra arraigue en nuestra vida.

Hay otros que también la escuchan pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden. El corazón esta seducido por otros intereses que no son la Palabra. En el encuentro con el joven rico, ya dijo Jesús que el amor a la riqueza es una gran dificultad para seguirle. Debemos estar dispuestos a dejarlo todo como aquél que encuentra una perla de gran valor y lo vende todo para comprarla: La Palabra es la perla que seduce al verdadero cristiano. Éstos representados por la tierra buena, la Palabra de Dios da fruto. Su corazón esta dispuesto a acoger este don de Dios, es un corazón generoso donde puede anidar y desarrollarse la obra que Dios quiere hacer en él.

A nivel humano ocurre otro tanto. Yo puedo escuchar pero es posible que lo dicho no haga mella en mí, porque las palabras no han sido acogidas en mi corazón. Pido al Señor que nos de esta capacidad de saber acogerlo cuando venga a nuestra casa interior que no nos mine ni la mezquindad, ni el temor, ni el deseo de riquezas de cualquier tipo. Que sepamos vivir el día a día con confianza y generosidad. Que vea en el otro un embajador de Dios. Texto: Hna. María Nuria Gaza.

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El amor lo puede todo

23.01.09 | 08:00. Archivado en Fe

Olivia es el nombre de una joven de Mozambique que carece de piernas y que gatea cuatro kilómetros todos los domingos para asistir a Misa. Un día, un grupo de misioneras vieron de lejos algo que se movía. Cuál fue su sorpresa cuando se encontraron con la chica que iba a acudir a misa. Observaron que la arena del camino le quemaba las palmas de la mano. Le han proporcionado una silla de ruedas. (Cfr. “revista Humanizar, nº 101)

Olivia con tu vida nos explicas “la parábola del tesoro escondido en un campo… al encontrarlo un hombre lleno de alegría va y vende todo lo que tiene… y lo compra”(Mt. 13,44-46). Gracias por tu testimonio de superación de las “barreras” de tu cuerpo que no han logrado apagar ni tu fe, ni tu amor realmente apasionado al Señor.

El Amor lo puede TODO. Lo renueva TODO. Lo fortalece TODO. Lo purifica TODO.¡EL AMOR ES INVENCIBLE!

Texto: Hna. María Aguadé.

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“No tengáis miedo a la cruz de Cristo”

21.01.09 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

“No tengáis miedo a la cruz de Cristo", son palabras del Papa Juan Pablo II que en muchas ocasiones nos dijo con gran fuerza y que también dejó reflejadas en su testamento. A veces la experiencia de los otros nos ayudan a encontrarnos con Dios, a tener deseos de buscarlo y a sentir la fuerza de su Amor. Estoy convencida de que no hay amor sin dolor, porque el amor conlleva el sufrimiento. ¿Parece imposible? en cierto modo tal vez, pero amar es preocuparte por el otro, es estar pendiente de todo lo que pueda sucederle, y estar disponible siempre a lo que pueda necesitar.

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Si conocieras el don de Dios

19.01.09 | 08:00. Archivado en Amistad

A medida que vamos conociendo una persona crece en nosotros el deseo de saber y de descubrir las características más esenciales de su personalidad, las facetas que se dibujan en ella como más importantes o específicas, queremos saber de su vida, de su familia, de su quehacer, y de sus problemas, nos gusta saber cuantas más cosas mejor, para poder compartir también nuestro ser y nuestro vivir. En cambio, nos disgusta quedarnos en aspectos superficiales porque sabemos que no nos ayudarán a conocer mejor esta persona, porque tenemos conciencia de que con ello nunca podremos gozar de una amistad verdadera.

Jesús en el evangelio de San Juan invita a la mujer samaritana a conocer mejor a Dios, y le dice “si conocieras el don de Dios…” El don de Dios es su Palabra salvadora, es todo su amor para los hombres, el don de la vida, de cada una de las cosas que nos ocurren y de aquellas que ocurren a nuestro alrededor. Descubrir el don de Dios comporta por nuestra parte permanecer abiertos y receptivos de todos sus dones, conscientes de que vivimos recibiendo constantemente todo de Dios, es buscarle en todo momento y circunstancia, teniendo en Él nuestra confianza, nuestra seguridad, nuestra paz. Texto: Hna. Carmen Solé.


Pasar página

16.01.09 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

Va finalizando el día, la oscuridad por la ventana muestra la llegada de la noche y en ese silencio exterior que envuelve, ante la pantalla del ordenador suspira el corazón, una hoja en blanco ante mis ojos con un deseo, es hora de pasar página a esta situación concreta… caen lágrimas que buscan una luz, un empujón que haga mirar de otra manera, quizás es hora de escribir una nueva etapa… algo quieres Señor.

Busco un libro, empiezo a leer y encuentro una oración que me ayuda, toca el corazón y fortalece la esperanza. Encuentro una dirección para poder pasar página, siempre tan cerca y que a veces cuesta tanto de tomar… ¿Qué hacer? “Entonces me volveré a ti: Dios mío. Te preguntaré: “¿Dónde estás?” Te diré: “No me olvides””…

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Alegría sencilla

14.01.09 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

Siempre pienso que no deberíamos dejar de sorprendernos, es decir, no perder la capacidad de sorpresa para con los acontecimientos pequeños o grandes que suceden a nuestro alrededor. Al igual que los niños, con la inocencia que les caracteriza, el adulto tendría que mantener siempre su frescura y sinceridad por los poros de su piel. Las cosas sencillas son las que hacen grande a un ser humano.

Conozco una familia que, verdaderamente, lo está pasando mal… pero a pesar de todos los problemas que viven, de las incomprensiones, incluso de sus conocidos, no dejan de lado ni abandonan la esperanza y la alegría. Aún “maltratados por la vida” siempre dejan dibujar en sus labios una gran sonrisa.

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María, la gran intercesora

12.01.09 | 08:00. Archivado en María

A las palabras de María a su Hijo “no tienen vino” Jesús hace su primer milagro en las bodas de Caná. Con este evangelio se cierra el ciclo de lecturas de la Misa de cada día del tiempo de Navidad. Escuchar la proclamación de este texto evangélico me ha llevado a reflexionar sobre la función de María en la vida de Jesús. Por ella, hace su primer milagro y los discípulos de Jesús creen en él, y también he pensado en la función de María en la vida de la Iglesia, en la de cada uno de los bautizados y en toda la humanidad, especialmente la sufriente. Ella conoció en su propia carne que es el dolor, la estrechez, la humillación:

Madre de un condenado a la vil muerte de cruz. No tiene posada cuando tiene que dar a luz. A la alegría de tener entre sus brazos al recién nacido se contrapone la ruda cuna de un pesebre. Contempla la agonía de su hijo colgado de un madero sin poder hacer nada, está en silencio al pie de la cruz.

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Yo soy

09.01.09 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6). Esta frase, desde su afirmación, siempre me ha impactado, abriendo un horizonte en la propia existencia, de presencia, cercanía y búsqueda en el día a día de Jesús.

En esta cita bíblica de San Juan, se nos da una ruta concreta a seguir, nos dice: ¡Aquí estoy, “Yo soy…”! Sí, aquí tenéis al guía que nos dice quién es: Él es el Camino, la Verdad y la Vida, entonces, adéntrate en el Misterio y síguele.

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Dar de lo poco

07.01.09 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

San Lucas en su evangelio nos ha dejado recogidas muchas parábolas de Jesús, en las que desde unos hechos concretos, que pueden parecer, al leerlos de corrido, sin demasiado valor, pero en las que el evangelista nos lleva a darnos cuenta de lo importante que para Dios puede ser un acto o un hecho cuando está lleno de sentido profundo, que va mucho más allá de lo que podemos comprender a primera vista en nuestra vida diaria.

El evangelista San Lucas recoge la enseñanza de Jesús al contemplar aquella mujer pobre que da todo cuanto tiene como limosna para el Templo, y nos dice la diferencia que hay entre dar de lo que sobra, o no nos hace excesiva falta y dar todo cuanto se tiene.

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Sólo podía estar en la casa de mi Padre

05.01.09 | 17:50. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

Lucas termina la narración de la infancia de Jesús con la ida a Jerusalén a la edad de los 12 años. Él no regresa con sus padres sino que se queda en el templo discutiendo con los doctores de la ley. A la exclamación de su madre, María, “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? ¡Mira cómo tu padre y yo te buscábamos angustiados!”, él responde: “¿Por qué me buscabais, no sabíais que yo sólo podía estar en la casa de mi Padre?” Éstas son las primeras palabras de Jesús que recoge el evangelio y con ellas deja por sentado que Él es el Hijo de Dios.

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Luz o tinieblas

02.01.09 | 08:00. Archivado en Paz

Las fiestas navideñas nos hablan con frecuencia en su liturgia de la luz contrapuesta a las tinieblas. “La luz brilla en la tiniebla y la tiniebla no la recibió”. Este es un hecho frecuente en nuestra sociedad, en nosotros mismos. A menudo nos emperramos en no querer ver. Preferimos la oscuridad de nuestro pequeño rincón en el que nadie nos molesta a salir a plena luz en la que todos pueden opinar sobre nuestras actitudes.

Pero justamente la Palabra que era la luz verdadera, la que alumbra a todo hombre, la que vino al mundo y quiere que seamos iluminados por su claridad, que seamos hijos de la luz donde vivamos en una comunidad fraterna, capaz de ayudar a enderezar lo torcido, a reconocer el valor del perdón y de la misericordia, de la humildad, el de reconocer nuestra pequeñez, el de aprender a valorar al otro. Es aquello de Juan Bautista: “Es preciso que el crezca y yo disminuya”. Y esto no lo logramos solos, necesitamos de los que Dios ha colocado a nuestro lado para conseguirlo ya que este es el modo habitual de cómo nos habla el Señor. Sólo en casos excepcionales se revela de otro modo.

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