Las tiendas estos días de fiestas están repletas de muchísimas cosas que pretenden llamarnos la atención para que compremos, incluso lo que no necesitamos. Muchas de estas cosas son típicas de estos días de Navidades y una de ellas sin duda son las golosinas, los dulces que ocupan un lugar bien destacado en nuestras casas y en nuestras mesas: bombones, turrones, barquillos, caramelos de muchas clases y colores. Y todo este colorido me ha llevado a preguntar si cada uno no deberíamos por los menos en estos días intentar ser también como una golosinas para los que tenemos a nuestro lado, para aquellos que están más cerca.
Mirar de hacer la vida de los demás más dulce, es intentar que la propia vida lo sea, ¿sino cómo lo logramos?. En estos días si buscamos ser los unos para los otros como golosinas, quizás lograremos que los anhelos de paz y de alegría sean realidad por lo menos en el pequeño círculo por el que nos movemos.
En la mañana de Navidad, en la oración le he pedido al Niño que me ayude a ser dulce, agradable, mejor en todo sentido para que después de esta fiesta nos quede a todos el recuerdo de que las cosas con un poco de azúcar son mejores, y ponerlo es algo que corresponde a cada uno, con esfuerzo, con ascesis, pero con ilusión y con agrado. Texto: Hna. Carmen Solé. Foto: Tanya G. Pedra.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman