Mi vocación

Ser madre

08.12.08 | 08:00. Archivado en Familia
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Un padre dominico italiano al dirigirse a una religiosa le dijo: “¡madre!”; la cual sin dejarle continuar alegó: “Por favor no me llame madre, dígame mejor hermana”. El dominico sorprendido respondió: “Siento que se haya ofendido por lo de madre, pero una mujer si no es madre aunque haya hecho voto de castidad, ¿qué es?. La mujer ha nacido para ser madre tanto si está casada como soltera o religiosa. Ser madre es el don más precioso que Dios ha depositado en el corazón de la mujer. Toda mujer tiene que ser madre física o espiritual de los contrario no es mujer, es un ser contrahecho, le falta lo más precioso del ser femenino”.

Al oír este comentario pensé en los niños y niñas de una casa de protección de menores en la cual estuve bastantes años. Pocos niños de aquellos tenían una buena experiencia de padre o madre. A unos, sus madres se habían ido con otro hombre y los dejaron plantados con su padre, otros, sus padres eran hombres que se pasaban la vida en la taberna y cuando llegaban a su casa los niños tenían que esconderse del padre para no recibir malos tratos o cosas peores. Algunos no podían ir a su casa porque estaban bajo tribunal tutelar de menores.

Mi gran preocupación nunca fue la económica pues con un poco de brío nos daban lo que se necesitaba para darles una alimentación sana, pero, ¿cómo iban a desarrollarse si les faltaba algo tan importante como el cariño de los suyos, cómo iban a poder superar esta falta de afectividad? Nosotras, las religiosas y los educadores de la casa, teníamos que volcarnos con los cinco sentidos para ayudarles a superar esta carencia pero temía que esto no se lograra: De padre o madre hay uno, podíamos hacer algo pero sustituirlos era muy difícil.

Hace poco vino a verme una de aquellas niñas, ahora mujer con hijos. Y me dijo: "Hermana usted si que ha sido mi madre, pues me educó y me defendió como no lo hizo mi madre frente a mi padre". Estas palabras me estremecen. Dios mío que duro es para esta mujer decir esto. No ha tenido una madre que la amara, que la ayudara en los momentos duros de su vida. Tuvo que buscar apoyo y cariño fuera de su familia.

Que Dios nos conceda un gran corazón para amar especialmente a aquellos que no son amados y que éstos descubran que son hijos amados de Dios. Texto: Hna. María Nuria Gaza.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por marta 12.12.08 | 15:23

    Mañana hará un mes que nació mi hijo. Y los sentimientos que tengo hacia él me llevan a considerar (casi) imposible que pueda haber personas que no quieran a sus hijos o que sean capaces de hacerles daño. Digo casi imposible porque la realidad confirma que es posible, por triste y duro que sea. Desde aquí un fuerte abrazo a aquellos niños que no los reciben y a todas aquellas personas que se los brindan gratuitamente.

Viernes, 17 de febrero

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