Después de hacer y hacer muchas cosas, de llenarte de todo lo que en un momento te gusta o convence, después de luchar contra toda tempestad… después de todo esto, se llega uno a plantear dónde está la alegría en la propia vida. A veces se da mucha importancia a cosas que para nosotros son de gran valía o estima, pero lo que es verdaderamente grande… es la persona misma. Somos nosotros los que tenemos que cuidarnos y mimarnos, hemos de poder llegar a decir que: ¡somos felices!.
Llegar a este punto es experimentar el gran gozo de Dios en nuestra vida; es la vida misma y por tanto la entrega generosa y sin condiciones. Sólo así podremos ser felices, es decir, si damos todo lo que somos y si buscamos hasta el final, hasta lo más hondo y prescindiendo de los condicionamientos llegaremos a la Verdad que buscamos.
Las tiendas estos días de fiestas están repletas de muchísimas cosas que pretenden llamarnos la atención para que compremos, incluso lo que no necesitamos. Muchas de estas cosas son típicas de estos días de Navidades y una de ellas sin duda son las golosinas, los dulces que ocupan un lugar bien destacado en nuestras casas y en nuestras mesas: bombones, turrones, barquillos, caramelos de muchas clases y colores. Y todo este colorido me ha llevado a preguntar si cada uno no deberíamos por los menos en estos días intentar ser también como una golosinas para los que tenemos a nuestro lado, para aquellos que están más cerca.
Acabamos de celebrar Navidad, fiesta que está llena de un sabor distinto para aquellos que celebramos desde la fe el Nacimiento de Jesús o para los que celebran una fiesta más, sin ninguna referencia religiosa, una fiesta cuyo verdadero sentido desconocen o quieren olvidar.
Pero en todos los casos la Navidad es una fiesta que se prepara con ilusión: jóvenes, niños y mayores, cada uno según sus posibilidades, cada uno según su modo, mirando de dar cumplimiento a los deseos y expectativas de aquellos que tenemos más cerca. Para otros la Navidad es una fiesta llena de melancolía o incluso de tristeza porque los sufrimientos que la vida ha ido dejando parecen revivir en estos días como una acumulación de recuerdos y añoranzas.
En Adviento hemos cantado con frecuencia: “Esperamos tu venida, ven Señor Jesús”. Mañana celebraremos el cumplimiento de las promesas del Señor, tantos años esperada por los profetas, por los hombres de buena voluntad, por los pobres de Yahvé.
También actualmente los hombres del siglo XXI esperamos que el Mesías, el Dios-con-nosotros, nos libere de nuestras pequeñeces y mezquindades para ser el pueblo fiel que desea Dios Padre: Hombres y mujeres de corazón sencillo, sin dobleces, sin rencores, liberados de las cadenas del pecado que nos atan a tantas y tantas cosas que entorpecen nuestro camino hacia la santidad.
Que este Niño de Belén que quiso nacer entre pajas, en la humildad de un Dios que se hace hombre por amor al hombre, que nace pobre para enriquecer a muchos nos ayude a vivir nuestro compromiso cristiano con toda radicalidad.
Que el Príncipe de la Paz nos conceda un corazón generoso para vivir todo lo que nos depara el Nuevo Año con serenidad y alegría porque sabemos que Dios está con nosotros, que él quiere nuestro bien y que ha venido para liberarnos de todo mal. Si Dios está con nosotros, ¿quien puede estar contra nosotros?
Feliz y Santa Navidad para todos los lectores de este blog y que el Año 2009 sea un año de bien para todos.
Texto: Hna. María Nuria Gaza.

La religión, algo tan sagrado en la mayoría de los corazones, tendría que ser una buena base para el entendimiento entre los hombres pero por desgracia muchos la usan como pretexto de enfrentamientos.
En la India me sorprendió ver en un pequeño poblado del estado de Madhya Pradesh, con que interés se preparaba para la fiesta de Navidad una gran explanada delante de la iglesia para la Misa de Nochebuena. Pregunté asombrada a las hermanas por qué tanto espacio si sólo había cinco familias cristianas en el lugar. A lo que las hermanas me respondieron: “¡Ah, es que tú no sabes que vendrán todos a la celebración! Y cuando sean las fiestas hindúes también todos iremos a celebrarlo con ellos”.
Ahora sin embargo los cristianos están siendo perseguidos en este estado y en otros muchos de este país. En Oriente Medio ocurre lo mismo. Las familias musulmanas y las cristianas tenían excelentes relaciones.

Los días de adviento van pasando para muchos con excesiva rapidez y nos acercamos a la fiesta de Navidad, que cada año nos llega con un sabor y un color distinto, porque la vida nunca es igual. En ocasiones parece que nos acostumbremos a la Navidad, a todo cuanto supone y por ahí nos entra la rutina.
La sociedad se mueve estos días inmersa en un mundo más lleno de color y de luces, la gente compra, va y viene, sin que muchos sepan ya que es lo que se celebra. Son fiestas de invierno, dicen unos, vacaciones de fin de trimestre para otros, tiempo de regalos y de fiesta. Para los cristianos es la celebración del Nacimiento de Jesús y en ocasiones parece que no sepamos decirlo en voz alta, respetar todas las opiniones y creencias está bien, pero necesitamos poder expresar nuestra fe.
Celebrar el nacimiento de Jesús, como lo hizo la Virgen María, es dejar que Dios sea el protagonista de nuestra vida, dejar que su acción sea el centro de nuestro vivir, como lo fue en la vida de la Virgen María desde el momento en que pronunció ante el ángel su aceptación al plan divino. Ella respondió “hágase”, nosotros debemos intentar imitarla. Así dejamos que Dios nazca en mi vida, que actúe, dejamos que Dios en su amor sea creador, que nos envuelva en su ternura. Texto: Hna. Carmen Solé.
Nos vamos acercando a la celebración de la Navidad y de una manera u otra todo nos habla, las luces en las calles, los adornos navideños en casa, el árbol, el pesebre en la cercanía del nacimiento del Niño Dios. También nos queda tiempo para ir preparándonos interiormente, y en ese preparar el camino del Señor, los demás son protagonistas en nuestras vidas, nos ayudan aunque no lo sepan y a veces los tenemos tan cerca. Hoy, ha acontecido algo especial, que me ha dejado con pocas palabras y que interiormente ha sido una sacudida de Amor, un bálsamo de alegría, donde ha brotado ternura, hoy puedo decir ¡Feliz Navidad!



El Líbano es un país de contrastes. Tiene barrios de gran riqueza y otros de mucha pobreza, esto sí, vivida con gran dignidad. Es algo que siempre he admirado de los habitantes de esta tierra tan hermosa.
Pues bien en un barrio extremo de Beirut nuestras hermanas gestionan un colegio que para atar cabos se las ven y desean. Los alumnos, provienen de familias humildes con padres en el paro o enfermos, no son admitidos en otros centros porque no tienen recursos económicos. La directora del colegio no quiere rehusar a nadie de los que acuden pidiendo que sus hijos se acepten en la escuela. Con muy buen tino dice que dejar un niño en la calle es facilitarle que caiga en la delincuencia.
Para acudir en su ayuda, desde el curso pasado en nuestro colegio de Reus (Tarragona) se inició una campaña en favor de los niños de la escuela del Líbano. A inicios de curso se envió una cantidad que se recogió de una cena solidaria que se organizó con este fin.
El Salmo 51 en sus últimos versos dice: “Te daré gracias, Señor, por todo cuanto has hecho, proclamaré tu bondad”. Es esta una expresión que se repite en diversas ocasiones tanto en el antiguo como en el Nuevo Testamento. En su conjunto es una oración muy bella, y a la vez muy exigente, es el compromiso del creyente de dar gracias a Dios por sus obras. El Señor actúa siempre, sus obras, sus designios, son siempre espejo y manifestación de su bondad y de su amor para con nosotros.
La vida no puede ser dada a medias porque cuando se da… no se ponen límites ni barreras, sino que se entrega por completo con alma, vida y corazón. Cuando se ama, se ama con todas las fuerzas, sino… no sería amor; incluso a veces, en esa entrega por Amor, se es capaz de renunciar a algo por aquella persona que quieres.
Cuesta pensar, hoy día, que hemos de renunciar a algo que nos satisfaga porque parece ser que todo lo tenemos al alcance de nuestras posibilidades, y que no es necesario dejar nada de lado por nada ni nadie. Pero en cambio, si has descubierto al amor se aprende a querer y a dejar de mirar única y exclusivamente por uno mismo.
Un padre dominico italiano al dirigirse a una religiosa le dijo: “¡madre!”; la cual sin dejarle continuar alegó: “Por favor no me llame madre, dígame mejor hermana”. El dominico sorprendido respondió: “Siento que se haya ofendido por lo de madre, pero una mujer si no es madre aunque haya hecho voto de castidad, ¿qué es?. La mujer ha nacido para ser madre tanto si está casada como soltera o religiosa. Ser madre es el don más precioso que Dios ha depositado en el corazón de la mujer. Toda mujer tiene que ser madre física o espiritual de los contrario no es mujer, es un ser contrahecho, le falta lo más precioso del ser femenino”.
Al oír este comentario pensé en los niños y niñas de una casa de protección de menores en la cual estuve bastantes años. Pocos niños de aquellos tenían una buena experiencia de padre o madre. A unos, sus madres se habían ido con otro hombre y los dejaron plantados con su padre, otros, sus padres eran hombres que se pasaban la vida en la taberna y cuando llegaban a su casa los niños tenían que esconderse del padre para no recibir malos tratos o cosas peores. Algunos no podían ir a su casa porque estaban bajo tribunal tutelar de menores.

Estamos en el tiempo de adviento, tiempo de preparación para la Navidad, tiempo que la Iglesia nos ofrece para una reflexión más profunda de nuestras acciones y actitudes, para que podamos acercarnos a la Navidad con la serenidad y la paz que el Señor nos da. Adviento nos ofrece la posibilidad de intentar las cosas de otro modo, de modificar aquellos modos de hacer que no nos llevan a acercarnos a Dios, sino todo lo contrario.
En las lecturas de la misa vamos leyendo textos de los profetas, especialmente del profeta Isaías, y llevo unos días dando vueltas a unas palabras suyas que hallamos en el capítulo 2 y que ahora me han llamado especialmente la atención:
“…Con sus espadas forjarán arados
y con sus lanzas podaderas.
No levantará la espada una nación contra otra
ni se adiestrarán más para la guerra”.
Sabemos que los salmos son oraciones inspiradas por Dios y transcritas por los israelitas, que como todo ser humano, tiene momentos buenos y otros de tribulación. El salmo 12 esta compuesto en un momento de gran dificultad del autor:
¿Hasta cuándo, Señor, seguirás olvidándome?
¿Hasta cuándo me esconderás tu rostro?
¿Hasta cuándo he de estar preocupado,
con el corazón apenado todo el día?
¿Hasta cuándo va a triunfar mi enemigo?
Atiende y respóndeme, Señor Dios mío,
da luz a mis ojos,
para que no me duerma en la muerte;
para que no diga mi enemigo: “Le he podido”.
Ni se alegre mi adversario de mi fracaso.
Porque yo confío en tu misericordia:
alegra mi corazón con tu auxilio,
y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.
Con la insistencia, por cuatro veces consecutivas, de su grito: “¿Hasta cuándo Señor, seguirás olvidándome?”, se supone la fuerte angustia de este pobre que se siente abandonado en su desgracia. Es un interrogatorio directo y categórico hacia Dios que no responde a su súplica. Parece que Dios se ha hecho insensible a su dolor.
Este es el grito de la humanidad sufriente en tantas partes del mundo donde miles de seres esperan contra toda esperanza, y un alivio a su situación de indigencia y opresión sin que hallen respuesta. ¿Dónde está el Dios que dijo a Moisés que el clamor de los israelitas esclavos en Egipto había llegado hasta Él?
El viernes asistimos en Barcelona a la presentación del libro del P. Luis Carlos Bernal, dominico, "VIVIR CON SENTIDO. Guía para los perplejos" (Edibesa, 2008, Colección Vida y Misión). Aún no lo hemos leído, sólo ojeado, pero conociendo al autor, un liturgista, profesor de fenomenología de la religión y antropología filosófica en Uruguay durante años, con una fe profunda que transmite en los diálogos, una fe que sabe esperar y que busca respuestas sabiendo que algunas no las encontraremos aquí.
Nos dijo que podemos estar de acuerdo o no con el libro y que según el camino de la búsqueda puede generar más preguntas que respuestas. El libro quiere presentar horizontes nuevos, la vida ha de ser un lugar para preguntar. No se resuelven interrogantes, siempre hay preguntas para responder. Insiste que comete desatinos el que vive; sólo el que no remueve, el muerto, no hace nada fuera de sentido.
Vivir con sentido, porque el sentido se halla en los sin sentidos. Buscar el sentido comporta el dolerse de no hallarlo: ¿qué pasa? y ¿por qué me pasa lo que me pasa?
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman