Año tras año nos encontramos el día 21 de noviembre con la celebración de la presentación de María al templo. Para nosotras Dominicas de la Presentación, María es modelo de entrega y don.
Nunca María tuvo un gesto de procurar para ella misma. En los evangelios en el momento de la anunciación, no la vemos preocupada por el que dirán. Sólo exclama: “¿Cómo será esto si no conozco varón”. Hubiera podido decir al ángel que le notificara a José lo que iba a suceder en ella, pero no. Acepta e inmediatamente se pone en camino porque su prima Isabel, seguro, que requiere de su cercanía.
Camino hacia Belén, no encuentran posada pero ni una queja. Nace su Hijo Jesús, los pastores acuden a adorarlo, ella guarda estas cosas en su corazón.
A los cuarenta días presentan a Jesús al templo. Simeón no tiene palabras halagüeñas para esta joven madre: “Y a ti una espada te atreveserá el alma”. No aparece palabra de queja sobre su futuro.
Solamente cuando su hijo Jesús se queda en el templo sin avisar a sus padres, María exclama: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira como tu padre y yo, angustiados, te andamos buscando”.
En las bodas de Caná, María con la mirada atenta de una madre que vela para que todo salga bien, es la que advierte que no hay vino suficiente para la fiesta. “No tienen vino”.
Y al fin de la vida de su hijo Jesús ella está al pie de la cruz. Su silencio es más elocuente que cualquier palabra. Ella la madre de un ajusticiado guarda silencio ante esta gran injusticia de la crucifixión de su Hijo. Los pobres no tienen derecho a la palabra.
¡Cuánto nos enseña María con su actitud! Qué ella nos ayude también a nosotros a estar alerta anta las necesidades de los demás. Y a ser palabra de aquellos que se les niega la palabra. Sí, María es para nosotros modelo de entrega y don. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Viernes, 17 de febrero
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