Mi vocación

No buscamos de la misma manera lo mismo

19.11.08 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida
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Es nuestra vida entera la que ha de hablar, sin necesidad de tapar ni ocultar nada, de aquello que vivimos habitualmente, de aquello que queremos y amamos con la fuerza más grande que podamos imaginar. Son muchos los gestos o palabras que consciente o inconscientemente realizamos a lo largo del día, y es en la vida cotidiana donde nos dejamos conocer y donde nos conocen. Cada uno es diferente y por eso, no todos necesitamos las mismas cosas; ni siquiera buscamos de la misma manera lo mismo.

Ciertamente, una persona es de una forma u otra, pero no hemos de encerrarnos con una idea única, y no debemos “encasillarnos” ni a nosotros mismos ni a los demás en un único esquema. A veces, corremos este riesgo y caemos en juzgar rápidamente a los otros. En muchas ocasiones deberíamos de tener una mirada más cariñosa, delicada. Una mirada comprensiva hacia el otro y no juzgar a la ligera nos ayudaría en más de una ocasión. Creo que una de las cosas más sencillas es caer en comparar y poner etiquetas simplemente porque la otra persona tiene otra manera o busca otras cosas diferentes a las tuyas. Pienso que, precisamente, el hecho de que cada uno tenga una manera de ser es más una riqueza que no una penuria o carencia.

Una mirada de amor... necesitamos en el mundo personas que sepan y aprendan a superar barreras. Si nos fijamos en la Palabra de Dios encontraremos muchos pasajes en los que Jesús tiene una mirada de ternura y amor para con nosotros.

Jesús tenía una mirada de compasión, es decir, se implicaba por completo y hacía suya la realidad que vivía y que veía, a su vez. Esta forma de ver al otro nos sigue tocando el corazón hoy porque significa que hemos de alegrarnos con el que se alegra, reir con el que ríe y además, llorar con aquel que llora.

Estamos llamados a quitarnos las vendas de los ojos, y a superar la ceguera que no deja que conozcamos la realidad de los demás. Aunque siempre se tengan que correr riesgos, ya que podemos caer en una mirada de indiferencia. Por ello, Jesús nos muestra el camino, nos enseña que el amor supera cualquier dificultad y que es el único que actúa con verdad y rectitud. Texto: Hna. Conchi García.


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