Esta oración del Beato Charles de Foucauld: “Padre, me pongo en tus manos…” es extraordinaria, sin duda, para permanecer en silencio y fijar la mirada en el Señor, de donde brota siempre confianza y paz interior. Hace tiempo que la descubrí y desde entonces me acompaña, me gusta orarla porque habla directamente al corazón, es invitación a la confianza plena, aquella que se recibe cuando la vida misma se deja entretejer en las manos de Dios.
Hace pocos días, gratamente la encontré de nuevo, en una vigilia de oración con jóvenes. Durante la adoración del Santísimo se oró esta oración, se me fue la mirada hacia los jóvenes presentes, ¡qué gozo y fuerza interior! eran tantas miradas clavadas ante la Hostia Santa, ¡cuántas historias en las manos de Dios!
En aquella vigilia, brotaron muchas miradas de Amor hacia el Señor, le di las gracias por ese encuentro, donde el silencio iba forjando la cercanía con el Dios de nuestras vidas.¡Gracias Señor!, por aquellos jóvenes que hoy siguen poniendo sus vidas en tus manos, quizás sin hacer ruido, pero ahí están, buscándote, descubriéndote, amándote… ¡en tus manos, Padre!
“Padre, me pongo en tus manos;
Padre confío en ti;
Padre, me entrego a ti;
Padre, haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, te doy las gracias;
gracias por todo;
estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo;
te doy las gracias,
con tal de que tu voluntad se cumpla en mí, Dios mío,
y en todas tus criaturas, en todos tus hijos,
en todos aquellos que ama tu corazón.
No deseo nada más, Dios mío.
Te confío mi alma, te la doy, Dios mío,
con todo el amor de que soy capaz,
porque te amo,
y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre”.
(Beato Charles de Foucauld)
Texto: Hna. Ana Isabel Pérez.
Domingo, 3 de junio
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