Los evangelios sinópticos presentan muchas parábolas de Jesús, que siempre encierran para mí algo de sorpresa. Por más veces que las haya rezado siempre me quedan aspectos de los cuales no había tomado conciencia antes, y que luego me parecen tan evidentes.
En concreto San Mateo cita, como otros evangelistas, la invitación de Jesús a tener “fe como un grano de mostaza”, en un momento Jesús dice que esta fe se convertirá en árbol frondoso y en otro texto Jesús nos dice que si tuviéramos fe como un granito de mostaza…, la montaña se plantaría en el mar. Y esta comparación de la montaña plantada en el mar me lleva a pensar ¡cuantas montañas se me presentan en la vida y que me gustaría ver plantadas en el mar!
Porque lo que ahora son para mi “montañas”, es decir problemas, incomprensiones, incertidumbres, zonas abruptas o ásperas, se plantarían en el mar, desaparecerían tragadas por las aguas, porque la fe en Dios, en su Palabra, en su buen hacer para cada uno, hace posible aquello que para los hombres es imposible.
Solo necesitamos creer que Dios puede hacer posible lo que para los hombres no lo es, a nosotros nos corresponde tener fe en Dios. Pero no sólo la montaña desaparece en el mar, sino que allí donde antes estaba la montaña que es un obstáculo, ahora aparece un espacio abierto, una luz nueva, una tierra accesible, capaz de dar fruto duradero, en una palabra, el Señor me regala una tierra fértil, donde antes solo existía un obstáculo. Y toda esta belleza es fruto de la fe. Texto: Hna. Carmen Solé.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman