El domingo 26 de octubre se clausuró en Roma el Sínodo sobre la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia. Los participantes al mismo confiesan que ha sido un Sínodo de mucha unidad de pensamiento. Es un hecho muy alentador la Palabra hace la unidad porque Dios es unidad.
El prólogo del Evangelio según San Juan (1,1-18) es una mina que encierra una riqueza inagotable. En él se recalca que el Verbo, palabra del Padre, vino a este mundo para que tuviéramos vida y la tuviéramos en abundancia.
Por esta razón la Iglesia y todos sus hijos debemos tener un amor muy grande a la Palabra porque ella es vida y es luz que alumbra a los hombres y brilla en las tinieblas y las tinieblas no pueden vencer la luz. Unos versículos más adelante dice que la Palabra vino a su casa pero los suyos no quisieron recibirla. Pero a todos los que la reciben les da poder de ser hijos de Dios. Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros, vive con nosotros, está en medio de nosotros. La profundización de este texto nos puede ayudar para reavivar en nosotros el amor y la importancia que tiene para la vida de todo cristiano la Palabra. Y así como la palabra se anonadó al tomar carne humana, a nosotros nos ayuda a vivir anclados en el Hijo de Dios puesto que de Él hemos recibido gracia sobre gracia. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman