
Una mujer del pueblo llena de entusiasmo por las palabras que salían de la boca de Jesús, echó un piropo a su madre “¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!” (Lc. 11,27-28). Es como decir: ¡Viva tu madre! Pero resulta que el viva tu madre, se convierte para Jesús en un viva ciertamente a su madre pero también a todos aquellos que saben escuchar y vivir lo que esta Palabra ha suscitado en su corazón.
La lectura pausada de la Sagrada Escritura, nos tiene que llevar a un compromiso, como al que llevó a María, la Madre de Jesús, la oyente por excelencia de la Palabra. Ella escuchó lo que Dios quería de ella y lo cumplió: “Hágase en mi según tu palabra”.
Un autor comentaba en un artículo que “la Biblia se contempla no sólo en sus contenidos y afirmaciones como un texto que dice algo a alguien, sino como Alguien que habla a quien lee, y suscita en él un diálogo de fe y de esperanza, de arrepentimiento, de intercambio, de intercesión, de ofrecimiento de sí”.
Una lectura asidua y pausada de la Palabra de Dios, nos llevará como a los discípulos de Emaús a exclamar: “¿No ardía nuestro corazón mientras conversaba con nosotros en el camino, cuando nos explicaba las Escrituras?” (Lc. 24,32). No seamos como dice el arzobispo Nikola Eterovic, secretario general del Sínodo, "analfabetos modernos que tienen mucha cultura científica, económica pero en el campo religioso deben todavía aprender a leer". Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
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Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
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