Mi vocación

Blanca cera y dulce miel

26.09.08 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida
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Ayer en la oración de la mañana se proponía como canto de meditación un conocido poema de Machado, que seguramente muchas veces hemos recitado de memoria: “Anoche cuando dormía soñé, bendita ilusión…”. Entre todo este texto, unos versos me llamaron especialmente la atención: “Las doradas abejas iban fabricando en él con las amarguras viejas blanca cera y dulce miel”.

La vida nos va dando, sumando los años, aspectos que nos hubieran gustado distintos, que hemos deseado diferentes de lo que fueron, pero que han marcado nuestro vivir de hoy. ¿Son esas las amarguras viejas a las que se refiere el poeta?. Puede ser que si, y creo que esas benditas amarguras que nos ayudan, una vez pasado el momento de sufrimiento que generan, tener en nuestro corazón la disponibilidad para fabricar con ellas “blanca cera y dulce miel”.

Elaborar en nuestro interior blanca cera y dulce miel no son movimientos rápidos del alma, asumir lo que se va viviendo y lograr que sea algo hermoso no se consigue con facilidad, sino que es fruto de un corazón que se deja transformar por la gracia de Dios, y esto no suele lograrse en un abrir y cerrar de ojos.

Me gusta pensar que todo el poso que la vida nos va dejando se pueda transformar en ese fruto dulce que los demás puedan gustar y en esa cera blanca que pueda ser luz para iluminar la vida. Texto: Hna. Carmen Solé.


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