Cuando es la fiesta de un santo, el libro del Oficio de Lecturas nos presenta a grandes rasgos alguna característica de su biografía, y casi siempre algún rasgo de su vida me llama la atención, como si fuera nuevo, aunque sea conocido y sabido de sobras. Esto me ocurrió un día al releer la biografía de San Ignacio de Loyola.
Hoy es fácil saber que cuando estaba convaleciente de una herida, le dieron para leer libros de santos y una vida de Cristo, en lugar de sus lecturas habituales: los libros de caballerías novelas de moda o best seller de hoy. No debió resultar fácil cambiarle sus costumbres a este hombre de guerra y cortesano, que tenia un carácter vivo. Pero aquí también Dios se sirve de lo impensable para llevarle a la conversión, al cambio de vida que no fue radical, sino que pasó por altibajos antes de dar el definitivo paso.
Nada sabemos quien o quienes fueron los encargados de brindarle lecturas diferentes a las solicitadas, ni cómo les recibió Ignacio con este tipo de libros que él nunca había apreciado, pero en todo caso fueron instrumentos de Dios para llevarle a la santidad. Y es que ser santo no es cuestión de uno solo en su relación con Dios, sino que cada uno desde nuestra vida por más sencilla que sea, podemos ser instrumentos de Dios para que los demás le descubran y a la vez Dios pone cerca de cada uno sus instrumentos para llevarnos por el camino de la reflexión y al fin, por la oración, a la santidad. Texto: Hna. Carmen Solé.
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Carmén:
Permitame una precisión: a S Ignacio, en su convalecencia, le dieron libros de santos y también libros de caballerías. Y con ambos se deleitaba. Pero comprobó que tras el deleite los primeros le producían bienestar y los segundos desazón.
Este detalle no es mínimo. Revela que la elección se hace desde el conocimiento en libertad. Y que para poder discernir es necesario conocer.
Un afectuoso saludo
- Abuelo, ¿qué es un santo?
- El santo es un hombre que no hace trampas con Dios. Por donde los santos pasan,se va quedando Dios.
Cuando seas mayor, comprobarás que la santidad no consiste en la posesión, sino en la adquisición, en la conquista de ciertas virtudes.
Carmen, creo que podríamos discutir qué fue primero, si la gallna o el huevo.
Imgino que Ignacio de Loyola fue "llamado" por Dios, y a partir de ahí, buscó y aceptó leer cualquier escrito, que le aclarase ciertos asuntos espirituales.
Quienes habéis sido llamados espiritualmente, y personalmente (no olvidemos este aspecto), podríais explicar cómo es ese paso de lo común a lo extraordinario.
Imagino que no se trata de un simple escalofrío, sino que es todo un largo proceso, a través de las dudas y/o las incertidumbres.
Un abrazo.
Acólito, parece que en las comidas bebas agua bendita. Si el artículo cita la etapa anterior a la conversión de Ignacio de Loyola (San) nada sucede si el artículo se ilustra con ese retrato.
Al final, lo importante era el mensaje del artículo, creo yo.
A mi me resultan muy simpáticas las fotos de Juan pablo II esquiando en su etapa de arzobispo. Para gustos, los colores.
ahora a los fundadores nos lo presentan vestidos de seglares...¿......?
Viernes, 17 de febrero
Josemari Lorenzo Amelibia
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