Mi vocación

El tesoro

13.08.08 | 08:00. Archivado en Fe
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Todos hemos visto muchas películas del “Oeste” donde hombres y familias enteras viven, sufren y gozan por la búsqueda de un tesoro que saben posible pero incierto. Son los buscadores de oro. Sus aventuras y desventuras llenan tanto la gran pantalla como la TV y muchas veces su vida nos es narrada en un ámbito lleno de violencia y de abuso, aunque existan también honrados buscadores de tesoros.

Todos buscan un tesoro material, que desean para ellos solos, un tesoro que saben o intuyen limitado, pero que saben que hallarlo va a significar una vida más fácil para ellos mismos y para los suyos. Por este motivo no reparan en sacrificios y renuncias hasta lograr la meta del bien deseado.

Los seguidores de Jesús somos como esos buscadores de tesoros pero el intento de lograr el tesoro del que Jesús nos habla de un modo especialmente gráfico en el evangelio de San Mateo no suele generarnos ni tanta pasión ni tanta entrega, como a los hombres del Oeste.

Me quedo preguntándome si de verdad creo en ese tesoro que el Señor nos ofrece a todos. Es un tesoro que sin duda genera mayor felicidad en quienes lo hallan, que cualquier otro tesoro de este mundo y además no sólo no se agota, sino que es un tesoro en eterno crecimiento cuando lo compartimos con los demás, cuando sin egoísmo no sólo lo repartimos sino que explicamos a los demás la forma de hallarlo. Texto: Hna. Carmen Solé.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por pepe 13.08.08 | 18:40

    Pues habría que añadir que en eso de la búsqueda del tesoro al estilo evangélico no es oro todo lo que reluce.
    La institucionalización de los carismas normalmente hace perder el brillo del ímpetu fundacional, del espíritu de los fundadores. Pasado el tiempo se gastan más energias en mantener la institución que en anunciar a Jesucristo.
    Al igual sucede con la Iglesia como institución: se anuncia más a si misma en sus doctrinas y derechos canónicos que en lo que debería ser el anuncio de Jesucristo.
    Muchas paroquias han perdido su brillo evangélico: son más oficinas expendedoras de actos religiosos, incluidos los sacramentos, que comunidades de vida cristiana.
    Y así podríamos seguir ampliando la lista de desvirtuaciones.
    El tesoro, lamentablemente, sigue escondido, y son pocos los buscadores audaces, capaces de vender todo para conseguir lo mejor.
    ¿Cuando vuelva el Hijo del Hombre,encontrará fe en nuestra tierra?.
    Triste que solamente se encont...

  • Comentario por Mª Jesús 13.08.08 | 13:05

    Una hoja de álamo es suficiente para robarnos la vista del sol; basta una preocupación terrena para ocultarnos al Dios esplendoroso.
    En todo lo que ama, el hombre busca algo más que lo finito, algo más que lo imperfecto; en el fondo, en todo lo que ama, el hombre está buscando a Dios.


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