Mi vocación

Mesopotamia

11.08.08 | 08:00. Archivado en Medio Oriente
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Desde tiempos remotos, años 6.000 y 5.000 aC., Mesopotamia, que significa tierra entre dos ríos, se distinguía por ser una zona de cultivos y ganadería. Ciertamente, ver transcurrir majestuosamente tanto el río Tigris como el Éufrates, que convierten el desierto en vergel, es una imagen que no puedo olvidar.

En esta región en la cual nunca había escaseado el agua, actualmente los cultivos sufren una brutal escasez. Hace poco, un agricultor exclamaba: “Es una vergüenza que nosotros, nuestros animales y nuestras plantas muramos de sed en un país con estos dos gigantescos ríos que forman el creciente fértil”. Sin electricidad no se puede bombear el agua, sin fuel no marchan los tractores y estos dos elementos son sumamente escasos en un país rico en petróleo y con una reserva de agua considerable.

Una joven universitaria comentaba: “Quisieron traer la democracia a nuestro país que mató a la mitad de sus habitantes y quieren matar la otra mitad de hambre”. Es increíble que después de tanto tiempo de haber “terminado la guerra” no se haya trabajado por una auténtica reconstrucción y pacificación del país. ¡A río revuelto ganancia de pescadores!

La población se siente completamente desprotegida, sin gobierno, sin seguridad, sin recursos, y sin auténtico interés por parte de la comunidad internacional. Y poco a poco se va desangrando por las muertes del terrorismo, por un sin fin de enfermedades y por la fuga de la gente más preparada que huye hacia países donde poder vivir en paz y rehacer sus vidas; porque vivir en Irak no es vida.

La tierra que vio pasar a Abrahán, el amigo de Dios, de Ur hacia el país que Yahvé le había indicado, se ve tremendamente sacudida. Este patriarca que no quiso que sus pastores peleasen por los pastos, con los de su sobrino Lot, se ve ahora enfrentada a una guerra a la cual no se ve fin.

Ante todas estas calamidades hay quien lucha por mantener un rayo de esperanza, son como Abrahán, esperan contra toda esperanza: Médicos que trabajan sin descanso por salvar vidas sin medios, educadores que continúan enseñando a los niños valores de convivencia y que la paz es una riqueza que hay conquistar, religiosos, personas de buena voluntad que aman su tierra y que no quieren salir del país porque en él quedan los más pobres y éstos son los hijos más amados de Dios. Y también cristianos que optan por quedarse porque esta fue la tierra que vio nacer las primeras generaciones de creyentes de Jesús y si se marchan, ¿quien dará testimonio de Él? Texto: Hna. María Nuria Gaza.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Mª Jesús 12.08.08 | 12:12

    El deber del hombre ante la vida es seguir adelante, y la mejor compañía de viaje: la esperanza.
    El amor de Dios no protege de todo sufrimiento, pero protege en todo sufrimiento.
    Dios está lleno de los solos del mundo.

Viernes, 17 de febrero

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