En la vida hay acontecimientos que hacen dar un tumbo en la vida de una persona. En parte este fue en caso de Domingo de Guzmán. Su niñez, adolescencia y juventud transcurrieron en medio de libros, oración y silencio. Entre sus libros, la Biblia tenía para la primacía. Estudiaba asiduamente la Palabra de Dios pero no se detenía solamente en el estudio sino que ésta alimentaba su oración. Pasaba largas horas en su celda meditándola y muchas ocasiones pasaba toda la noche orando con ella.
Una vez ordenado sacerdote, el obispo de Osma, lo busca para que formase parte del cabildo catedralicio. Al cabo de poco tiempo los canónigos, que lo reconocen por sus virtudes, lo escogen como subprior. En la Edad media, los reyes y las grandes personalidades políticas, no dudaban de llamar a los obispos para asignarles misiones diplomáticas. Y este fue el caso del rey Alfonso IV de Castilla. Pide a Diego, obispo de Osma para que vaya como su embajador para solicitar al rey de Dinamarca el matrimonio de su hija con su hijo Fernando. El obispo lleva con su séquito al subprior de los canónigos. Seguramente había descubierto en él a un hombre sabio y prudente requisitos indispensables para un quehacer diplomático.
Este viaje, llevó a Domingo a tener un primer contacto con un hereje cátaro y fue tal el impacto de nuestro santo al ver aquel hombre en el error que se pasó toda la noche discutiendo con él con tal convicción y ardor, que a la mañana siguiente el hereje, que era el posadero donde se había alojado la comitiva real, abrazaba de nuevo la fe católica.
El dominico Marc Joulin, comenta que este encuentro de Santo Domingo con el posadero de Toulouse, cambió su vida y de un hombre austero, orante y silencioso, lo lanzó a predicar a los cuatro puntos cardinales del mundo conocido en la época. Fue un misionero lleno de celo apostólico, y de compasión por los hombres descarriados. El mismo autor se pregunta, quién convirtió a quién. Si Domingo al posadero o el posadero a Domingo que haciéndole salir de si mismo por aquel encuentro fortuito lo convierte en un gran predicador de tal manera que la orden que unos años más tarde fundará se llamará Orden de Predicadores.
A imitación de los apóstoles sus hermanos irán de dos en dos, a imitación de los apóstoles no llevaran ni bolsa ni dos pares de sandalias y anunciarán a las gentes el Evangelio con una vida de obediencia, castidad y pobreza.
Ojalá al ver tantos errores como hay actualmente, nos lanzáramos también nosotros a ayudar a los hombres a acercarse a Dios. Esto nos pide nuestra fe: Ser predicadores del amor de Dios por el hombre que creó a su imagen y semejanza y, esta imagen está con frecuencia tan deteriorada que requiere hombres y mujeres con un gran celo apostólico para que estos se sientan hijos amados del Padre. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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Feliz día de Santo Domingo.
Un abrazo para todos.
Los misioneros y las misioneras son personas de "primerísima división". Abandonan los caminos fáciles y trillados.
Están disponibles para ir a cualquier lugar sin distinción de raza, lengua, cultura y costumbres para compartir realidades humanas.
Tienen un estilo altruísta de concebir la vida. Una manera ejemplar de vivir y expresar el Evangelio.
Acompañan a los más necesitados en el camino de la vida.
El corazón de estos hombres y mujeres no envejece nunca; cuando cesa de amar es que ha cesado de latir.
Que Dios les siga dando fuerza y alegría para continuar trabajando.
Viernes, 17 de febrero
Francisco Baena Calvo
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Religión Digital
José Arregi
Francisco Margallo
Juan Fernandez Krohn
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya