En la prensa del 11 de julio venía la dramática noticia: “Quince inmigrantes, nueve de ellos niños, mueren en la costa de Almería”. Es un goteo continuo de muertes en las pateras. Estos hombres y mujeres tienen que vivir muy desesperados en sus países para que se lancen a una tal aventura con las trágicas consecuencias que tantas veces conlleva.
Por más que los gobiernos intentan frenar este aluvión con nuevas leyes, no creo que lo consigan. Se me encoje el alma al pensar el dolor de los padres al tener que arrojar al mar a sus hijos sin vida. Un hombre vio morir a su esposa y a su hijo, Dios mío, él que venía con la esperanza de un futuro mejor para su familia, vaya futuro le espera: lejos de su patria, sin su mujer, sin su hijo. A este hombre es posible le concedan un permiso de residencia por razones humanitarias. ¿A qué precio lo habrá conseguido, le valdrá este permiso para rehacer su vida en un país extranjero?
Se dice que estamos en crisis, es cierto, pero es que África vive no en crisis sino en la miseria más absoluta, salvo excepciones, claro, que no hacen más que confirmar la regla. Comprendo que para los gobernantes es un problema que les venga tanta gente en busca de mejores condiciones de vida.
La solución llegará el día en que los gobiernos del primer mundo se pongan manos a la obra para ayudar, no con palabras sino en acciones, a los países africanos. ¿Y nosotros qué podemos hacer? Protestar por estas leyes que caen como una losa encima de los más desheredados y orar para que el Señor ilumine las mentes de nuestras autoridades. Hna. María Nuria Gaza.
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Quizás ese aluvión de personas que huyen de la miseria, en sus países, posean otras componentes negativas, además de la falta de escrúpulos de las entidades sociales del mundo entero.
Gobiernos corruptos en sus países. Gobiernos insolidarios, en los del primer mundo, y mucha mafia por todos lados, que los atraen con sus cantos de sirena, para subir a ese cayuco, con dirección a ninguna parte.
Y encima, las familias de los desaparecidos, probablemente se haya entrampado para financiar ese viaje.
La historia de la humanidad es la historia de las migraciones.
Si en España la inmigración se sigue considerando un problema, una fuente de preocupación, es porque todavía seguimos manteniendo un conjunto de prejuicios y estereotipos que impiden superar nuestros miedos e inseguridades y adoptar actitudes de aceptación y tolerancia.
La inmigración no sólo no constituye una amenaza para nuestra sociedad, sino que, por el contrario, es un pilar imprescindible para su crecimiento sostenido.
Es hora ya de que abramos los ojos a esta nueva realidad e inculquemos en nuestros hijos, con nuestro ejemplo diario, todos aquellos valores(respeto, tolerancia...)necesarios para propiciar un futuro carente de odios y prejuicios y lleno de armonía y pluralidad.
Álvaro Solís (Pedagogo)
Domingo, 3 de junio
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Asoc. Humanismo sin Credos
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