Hay tallas antiguas de gran valor y hermosura. Pero la de más valor es el hombre hecho a imagen y semejanza de Dios. Algunas de las obras de arte requieren, al paso de los años serias reparaciones que exigen buenos restauradores que con paciencia e ingenio les devuelvan todo el esplendor primitivo.
Así también ocurre con el hombre. Hay personas que las circunstancias de la vida han envilecido y ya no se reconoce en ellos la imagen de Dios. Ahí está la labor de personas que con generosidad, paciencia y amor ayudan a sacar a flote a estos pobres que el vicio tiene atados. Es un trabajo que requiere esfuerzo y claro está, también la colaboración por parte del que recibe la ayuda. Ahí estriba la diferencia con la obra de arte; ésta se deja hacer pero no colabora en la obra del restaurador.
Lo magnífico es que al final se vuelve a poner al hombre de pie. Puede volver a caminar sin arrastrarse por el barro. Su imagen ha vuelto a recobrar la belleza primitiva de hijo de Dios. Quiero dar gracias a Dios por aquellos que se entregan sin medir esfuerzos a esta gran obra de arte de restablecer personas. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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Restablecer personas, restaurar personas, son más que sinónimos de recuperar seres humanos por el amor.
Aunque soy poco amigo de las tallas religiosas , por muy hermosas que éstas sean, he de reconocer que también sirven para establecer un ejemplo de lo que puede hacer la mano del artista-creador, con su obra.
Por suerte, los seres humanos poseemos la opción de mejorar, a voluntad, en la mayoría de los casos.
Cosa distinta es que podamos controlar esos procesos, sin ayuda, por nosotros mismos.
Abrazos.
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